
Estos días he conocido sobre un par de hechos que me han sulfurado lo justo. Lo justo para denunciarlos en este blog que lee muy poca gente pero que me sirve de espita de escape cuando la sangre bulle un poco más de lo normal. Uno es la mascarada que se organizó en Toledo el sábado pasado, la tarde anterior al Corpus, y donde un grupo de personas vestidos de sacerdotes y clérigos se mofaron de la religión católica y se burlaron de la Virgen María en una contra-procesión blasfema a la que tendría lugar el día siguiente por las calles de la ciudad. El responsable de semejante idiotez provocadora es el consistorio toledano y más concretamente la responsable de festejos del mismo, Dª Carmen Jiménez Martín que contrató al grupo de teatro (por cierto se puede pedir el cese de esta señora aquí: www.hazteoir.org/node/12507).
El otro hecho es el programa de La Sexta denominado “Salvados por la Iglesia” en el que un pobre hombre se dedica continuamente a burlarse de los católicos y su religión.
El otro hecho es el programa de La Sexta denominado “Salvados por la Iglesia” en el que un pobre hombre se dedica continuamente a burlarse de los católicos y su religión.
Esto es una muestra de la clara intención que existe en España de eliminar el catolicismo, de organizar de una manera sistemática continuos ataques en los que se humilla y ridiculiza a las personas que poseen dichas creencias desde posiciones de poder y mediáticas. Está claro que hay un lobby en España que se ha empeñado en no permitir que en este país se pueda creer en Dios y practicar una religión perteneciendo a la Iglesia Católica. ¿Pero por qué? Porque el cristianismo y la Iglesia Católica han sido históricamente considerados enemigos políticos por la izquierda. No les vale que exista una justa separación, que es incluso aconsejable, entre la Iglesia y el estado. No se contentan con la consecución de un estado laico. No se quedan tranquilos en su afán de relegar la práctica de la religión (por supuesto, sólo la cristiana) a la esfera personal y privada, sino que se pasan tres pueblos y acometen contra esas personas humillándolas utilizando instrumentos de poder como televisiones y ayuntamientos. Simplemente les molesta que el cristianismo, y en concreto la Iglesia Católica, siga predicando incesantemente que no se puede decidir sobre la vida de un hijo no nacido, que nadie puede jugar y hacer experimentos con millones de embriones y utilizarlos como si fueran esclavos para curar las enfermedades de otros o para satisfacer los caprichos de algunos, que el matrimonio en su esencia lo componen naturalmente un hombre y una mujer y que lo demás son uniones de hecho, aunque puedan estar también reguladas por la ley, y un largo etcétera en estos y otros temas.
De los servicios sociales que presta la Iglesia por su cuenta (también económicamente) en este país no se habla. Dios, prácticas religiosas o ideas sociales y éticas distintas a las de gentes de izquierdas: no. Marcar la casilla de ayuda a la Iglesia Católica en la declaración de la renta tampoco, pero el trabajo de la gente limpiando culos a viejos, acompañando a enfermos, recogiendo a transeúntes y pobres por las calles, eso sí; eso es lo que tienen que seguir haciendo monjas y frailes y tanta gente de la Iglesia que ha decido dedicar su vida a seguir a Jesucristo. ¡Qué cara más dura!
La oleada laicista ya lleva algunos años cebándose con los cristianos y en particular con los católicos. ¡Claro, con aquellos a los que se le ha aconsejado ofrecer la otra mejilla! Pero no se atreve a hacer lo mismo con el Islam. ¿Por qué? Primero, porque se utiliza a las religiones minoritarias en España como aliados estratégicos contra el cristianismo y, segundo, por que no tienen los arrestos de emprenderla contra los musulmanes. Aún no he visto en España ninguna procesión blasfema contra el Islam, ni ningún programa de televisión que se dedique a ridiculizarlos ("Salvados por el Islam"). Como tampoco he visto a personas tan respetuosas con esta religión y tan críticos con los católicos, viajando a uno de esos estados islámicos y chulearse de su tendencia homosexual como hace Cerolo y tantos otros en nuestro país; o desfilar en procesiones blasfémicas por aquellos lares, no sea que acabaran apaleados y colgado de una grúa.
En definitiva, en España y desde los estamentos de poder, se llama racista a una persona si se manifiesta en fagor de controlar la invasión africana que nos amenaza y al mismo tiempo jalea o permite los continuos ataques a millones de españoles por pensar de manera distinta a ellos. Todo muy coherente.
¡Que Dios se apiade de ellos y de nosotros!
De los servicios sociales que presta la Iglesia por su cuenta (también económicamente) en este país no se habla. Dios, prácticas religiosas o ideas sociales y éticas distintas a las de gentes de izquierdas: no. Marcar la casilla de ayuda a la Iglesia Católica en la declaración de la renta tampoco, pero el trabajo de la gente limpiando culos a viejos, acompañando a enfermos, recogiendo a transeúntes y pobres por las calles, eso sí; eso es lo que tienen que seguir haciendo monjas y frailes y tanta gente de la Iglesia que ha decido dedicar su vida a seguir a Jesucristo. ¡Qué cara más dura!
La oleada laicista ya lleva algunos años cebándose con los cristianos y en particular con los católicos. ¡Claro, con aquellos a los que se le ha aconsejado ofrecer la otra mejilla! Pero no se atreve a hacer lo mismo con el Islam. ¿Por qué? Primero, porque se utiliza a las religiones minoritarias en España como aliados estratégicos contra el cristianismo y, segundo, por que no tienen los arrestos de emprenderla contra los musulmanes. Aún no he visto en España ninguna procesión blasfema contra el Islam, ni ningún programa de televisión que se dedique a ridiculizarlos ("Salvados por el Islam"). Como tampoco he visto a personas tan respetuosas con esta religión y tan críticos con los católicos, viajando a uno de esos estados islámicos y chulearse de su tendencia homosexual como hace Cerolo y tantos otros en nuestro país; o desfilar en procesiones blasfémicas por aquellos lares, no sea que acabaran apaleados y colgado de una grúa.
En definitiva, en España y desde los estamentos de poder, se llama racista a una persona si se manifiesta en fagor de controlar la invasión africana que nos amenaza y al mismo tiempo jalea o permite los continuos ataques a millones de españoles por pensar de manera distinta a ellos. Todo muy coherente.
¡Que Dios se apiade de ellos y de nosotros!