jueves, 7 de julio de 2011

Como el cielo a sus estrellas


Ayer fue un día malo. Estaba nublado y la alergia que me acompaña desde que llegue a tierras alemanas no me concedió ni un respiro. Hay días en los que piensas que toda tu vida no ha servido para nada. Puro fracaso. Estos pensamientos negros como el tizón o como las nubes bajo las que me encuentro dicen que son absolutamente normales a mitad de la vida (pensamiento optimista porque presupone que vamos a llegar a vivir la otra mitad). No sé. Ayer se me juntó el trabajo, la alergia, el tiempo y un par de problemas más serios que últimamente rondan por mi cabeza y que, como con la alergia, no me conceden respiro. Estaba sentado en el sofá, con la mirada perdida, escuchando como un hijo mío ensayaba sus lecciones de piano. De repente, mi hija pequeña dio un salto y se sentó sobre mis rodillas. Debió verme apesadumbrado porque empezó a comerme a besos sin mediar palabra. Sólo al final de ese ataque de amor me trajo una tarjeta que había confeccionado en el Kindergarten para el pasado día del padre y en el que había escrita una poesía. Ella todavía no sabe leer pero me recitó en alemán lo que había aprendido de memoria hace unos meses y que dice más o menos así:

Te quiero mucho,

te quiero como el árbol quiere a sus ramas,

como el cielo ama a sus estrellas,

así, exactamente así,

así te quiero yo…

Con sus besos, su declaración de amor y con su mirada, sobre todo con su mirada, despejó de un golpe todas esas nubes negras que se suspendían sobre mi cabeza y empezó a brillar de nuevo el sol.

sábado, 2 de julio de 2011