lunes, 22 de diciembre de 2014

¡Feliz Navidad!



Espero que en estos días mucha gente recuerde una vez más esta antigua historia y que nuestros corazones consigan en verdad sintonizar con su mensaje de amor.  

Deseo para todos una feliz Navidad y un año nuevo lleno de alegrías.



lunes, 8 de diciembre de 2014

Exorcismo en Burgos

He leído estos días la noticia sobre el caso de una chica de dieciocho años que ha sido sometida a trece exorcismos con permiso del Arzobispo de Burgos (miembro, por cierto, de una conocida y conservadora institución de la Iglesia). El caso ha saltado a la prensa porque familiares de la chica han denunciado a los padres por la posible existencia de delito de violencia de género, lesiones y maltrato familiar. Dejando aparte la manipulación mediática que sitúa el intento de suicidio de la chica al lanzarse al vacío desde un tercer piso como posterior a los exorcismos, el caso merece un par de líneas.

Según lo publicado en el Diario de Burgos y en otros periódicos (de los que copio casi textualmente a continuación), la declaración de la chica ante la Policía Nacional deja claro “que en mayo de 2012 comenzó con «unos problemas de anorexia acompañados por problemas nerviosos de ansiedad» y que dejó de comer «por hacer penitencia», la misma razón que le llevó a realizarse «cortes en las muñecas». Sus padres interpretaron los ataques de ansiedad «como una posesión demoniaca», algo que les había sugerido un seminarista estudiante de Teología, quien manifestó a sus progenitores que «tenía unos sueños en los que aparecía María (nombre ficticio) siendo ahogada por un demonio». Los padres pidieron consejo y ayuda al grupo “Milicia de Santa María” del que la madre es seguidora.

Entre septiembre y noviembre del año 2012 estuvo ingresada en el servicio de psiquiatría infanto-juvenil del Hospital Clínico de Valladolid «por una sintomatología compatible con anorexia». Allí confiesa a los doctores que desde hace unos meses «tiene un demonio dentro, que es quien le engaña y motiva a hacerse daño». La finalidad de no comer «no es adelgazar sino autocastigarse», advierte a los facultativos.

En septiembre asegura que es expulsada de la catequesis de la parroquia de la Virgen del Rosario (Fuentecillas) -su madre indica ante la Policía que no le prohibieron asistir, solo le aconsejaron que dejara de ir porque «decía cosas inusuales relacionadas con el suicidio». Algunos catequistas le espetaron que «estaba endemoniada», que tenía «algo que no se lo curaba un médico y que iba a ir al infierno». Su padre la insultó gravemente llamándola «hija de puta», pero que no se lo decía a ella, «sino al demonio que llevaba dentro». Todo ello mientras la zarandeaba y la sujetaba por los brazos.

Tras varios intentos frustrados el 24 de septiembre de 2013 decidió acabar con su vida tirándose desde un tercer piso. Pero sobrevivió, si bien sufrió lesiones muy graves en la columna vertebral, las muñecas y el tobillo derecho, lo cual le dejó inicialmente postrada en una silla de ruedas. Con anterioridad, en uno de sus primeros episodios autolíticos, su madre le dijo: «Anda y tírate por la ventana». Su progenitora reconoció haber pronunciado esta frase «en un momento de estrés», cuando su hija amenazaba «con cortarse las venas o ingerir pastillas».

Tras varias conversaciones y gestiones con un seminarista, una profesora de religión y un párroco de Burgos, llegaron a la conclusión de que estaba «poseída por el demonio». En abril de 2014 la llevaron al convento de San Joaquín y Santa Ana, de Valladolid, para que el único exorcista de Castilla y León en ese momento -Burgos cuenta ahora con uno- le liberara del diablo. La tumbaron en el suelo a los pies del altar, pero como intentó escaparse, tras ponerse muy nerviosa, la sujetaron por los brazos y se sentaron encima de las piernas. Mientras un señor le sujetaba la cabeza, una señora «le ponía un crucifijo y apretaba con fuerza». Le hicieron daño y le causaron una herida, además de colocarle imágenes de santos por todo el cuerpo.

Durante el rito, que duró entre una y dos horas, el exorcista estuvo rezando el rosario y otras oraciones de sanación. Le hizo beber agua con sal exorcizada y se dirigía a ella voceando expresiones como: «¿Quién eres, Satanás, Belcebú, el diablo en persona?» Y también: «Bestia inmunda, dixi mi como tu a dominaris». Como el diablo no contestó, concluyó que la posesión era total y le recomendó, según la joven, que dejara de tomar la medicación prescrita por su psiquiatra. Durante el exorcismo sintió dolor, miedo e impotencia por no poder escapar, pese a que pidió varias veces que cesaran.

Según la denuncia, esta ceremonia se repitió hasta en 13 ocasiones. En vista de que no tenían mucho éxito fue obligada a rezar todos los días y uno de ellos se desmayó por llevar mucho tiempo de pie. Su padre le dio varias patadas mientras le gritaba que se levantara. En otra ocasión, al no querer rezar el rosario, le ataron las piernas y las manos y la introdujeron una braga en la boca.”

La sección de Psiquiatría Infanto-Juvenil del Hospital Clínico de Valladolid elaboró en 2012 un informe sobre el estado de salud de la muchacha en el que explica que «la dinámica familiar se caracteriza por un fuerte componente religioso» que en el caso de la madre y de la hija «determinan el desarrollo de un patrón alimentario inadecuado, así como fuertes y contradictorios sentimientos de culpa».

A la psiquiatra que la trató en esa época le extrañó que en verano de 2012 acudiera a «campamentos religiosos, donde realizó marchas a diario, pese a la evidente pérdida de peso que había sufrido» meses antes.

En sus entrevistas con los profesionales del hospital vallisoletano asegura que empezó a ayunar «como sacrificio para ayudar a sus amigos», y como ofrenda por su «fracaso» a la hora de modificar la ideología religiosa de sus conocidos, que consideraba equivocada.

Y es que la religión parece invadir todos los rincones de su existencia. Según la denuncia que presentó ante la Comisaría, su vida siempre transcurrió «en un ambiente muy rígido y de fanatismo religioso». En su casa solo podía sintonizar Radio María y Canal 13, en televisión. Estaba obligada a escuchar misa diariamente y a rezar las Laudes, Vísperas y el Rosario. Además, debía confesarse siempre con el mismo sacerdote y tenía prohibido salir de casa a menos que fuese para ir al colegio o para hacer los recados. Tampoco podía ir de fiesta los fines de semana y en su declaración en la Comisaría recordó que no le dejaron asistir a la cena de despedida de cuarto de Educación Secundaria Obligatoria (ESO), ni a la de Navidad ni a ninguna otra de su centro educativo. Los agentes le preguntaron si había salido de fiesta alguna vez en la vida. Y respondió: «Nunca, prohibidísimo».

Al cine solo acudió en alguna ocasión, pero siempre para ver películas de carácter religioso, como el caso de la ‘semana del cine espiritual. Dos veces pudo acompañar a sus primos a ‘disfrutar’ de cintas de dibujos animados.

Hasta aquí lo recogido en la prensa.

En una  entrevista hoy al padre Fortea aparecida en el Mundo y Religión Digital, se explaya este sobre la práctica de los exorcismos, y defiende al sacerdote que los realizó.

No puedo entender que un caso tan claro como este, donde el fundamentalismo religioso de los padres ha influenciado en la aparición de problemas psiquiátricos, pueda ser defendido y justificado por la Iglesia mediante el Arzobispado y la opinión del Padre Fortea. Dice Fortea que “el de Burgos es el primer caso en que se judicializa un exorcismo realizado por un cura católico” y, o se equivoca -cosa que me extraña por que es un experto en el tema- o quiere distraernos, u ocultarnos la verdad.

¿No se acuerda Fortea del caso de Anneliese Michel en Alemania? 

Lo copio aquí de la Wiki:

Anneliese Michel 2.jpg“Anneliese Michel (Leiblfing, Baviera, Alemania Occidental, 21 de septiembre de 1952-Klingenberg am Main, Baviera, 1 de julio de 1976) fue una mujer alemana y católica que fue sometida a un exorcismo y murió ese mismo año tras negarse a continuar con el tratamiento médico y psiquiátrico; la investigación y el juicio subsiguientes atrajeron la atención del público y la película El exorcismo de Emily Rose está basada principalmente en un punto de vista sobre lo que su historia transmite. Hay dos peliculas respecto a su caso "El exorcismo de Emily Rose", basada en un punto de vista creyente y "Requiem: el exorcismo de Micaela" basada en un punto de vista científico.

Cuando Michel tenía dieciséis años, tuvo su primer ataque de epilepsia y le fue diagnosticada Epilepsia del Lóbulo Temporal. Cayó rápidamente en una depresión y fue tratada en el hospital psiquiátrico de Würzburg. En 1973 se volvió intolerante ante varios objetos religiosos y empezó a oír voces. Su condición empeoró a pesar de la medicación e intentó el suicidio. Michel y su familia se convencieron de que estaba poseída y llamaron a un sacerdote católico para practicarle un exorcismo, siendo rechazados inicialmente. En 1975, tras muchas reflexiones, dos sacerdotes obtuvieron permiso del obispo local y le realizaron el exorcismo.

Anneliese murió el 1° de julio y la investigación demostró que estaba malnutrida y deshidratada; sus padres y los curas responsables fueron acusados de negligencia. Se probó que su muerte fue a causa de la tensión de los ritos y la investigación concluyó que hubiera podido ser salvada con ayuda médica de haberla tenido incluso un día antes. Este caso atrajo la atención pública y de los medios.
Tras el veredicto de culpables, los acusados fueron sentenciados a seis meses en la cárcel pero se permutó la pena por tres años de libertad condicional y una fianza. El caso ha sido etiquetado como confusión con una enfermedad mental, negligencia, abuso e histeria religiosa.”

Veo un paralelismo claro entre los dos casos, marcados por una educación errónea y una distorsionada y exacerbada religiosidad de las familias, algo que probablemente sea común -o ha contribuido- a los problemas psiquiátricos desarrollados por estas niñas.


Sólo espero que la Iglesia y el P. Fortea admitan el error de esta aberración.

Pues eso.



miércoles, 5 de noviembre de 2014

Consideraciones sobre el Big Bang: ¿inicio o continuación?


Hace unos días el Papa declaró en el acto de inauguración de un busto de su predecesor en la Academia Pontificia de las Ciencia que:
El Big Bang no contradice a Dios, sino que lo exige”.
Francisco se alineó con el pensamiento de Benedicto XVI cuando este último, en clara alusión a  científicos como Stephen Hawking, expuso hace unos años:
"El universo no es resultado del azar, como algunos quieren hacernos creer" 
"No debemos dejarnos limitar la mente con teorías que siempre llegan sólo hasta cierto punto y que, si nos fijamos bien, no están en competencia con la fe, pero no pueden explicar el sentido último de la realidad".
Hace también unos días conversé con una persona muy cercana sobre la existencia de Dios. Intenté hacerle ver que la idea de Dios o de la existencia del mundo sobrenatural no ha sido demostrada por ninguna religión -ni por nadie- hasta el día de hoy. Le propuse que tuviera a bien el imaginar como hipótesis el que la idea de Dios fuera simplemente una invención humana y que, por tanto, muchas personas hubieran dedicado su vida muy seriamente, pero de manera quizás inútil, a una idea sin fundamento en la realidad (excluyendo claro está el bien realizado por la obra social de la Iglesia).

Tras analizar de manera sucinta la invalidez de los argumentos clásicos conocidos que intentan probar la existencia del Ser Supremo y cuyas refutaciones pueden encontrarse en este blog, me vi enfrentado a dos consideraciones últimas por parte de mi interlocutor/a: la convicción de que Dios existe por haberlo “sentido” personalmente y la imposibilidad por mi parte de probar su inexistencia. El primer argumento no contiene base demostrativa alguna a no ser que Dios o algún ser sobrenatural se presente ante una o más personas y el hecho pueda ser verificado de manera indudable.

La segunda consideración que me instaba a demostrar la inexistencia de Dios no puede ser tampoco tomada en serio, porque los hombres no nos dedicamos a demostrar que cien mil cosas que nos pudiéramos imaginar no existen. Ya lo explicó Russel con su tetera orbitante. El peso de la prueba recae, no podía ser de otra manera, sobre el que hace la afirmación. De no ser así deberíamos aceptar la existencia de ovnis, yetis, hadas, duendes, enanitos de los bosques y todo lo que queramos imaginar hasta que no se demostrase lo contrario. No, no es así como funciona el razonamiento humano. Yo aceptaré como cierta la existencia de hadas madrinas cuando alguien me demuestre de alguna manera o presente alguna prueba que me lleve a considerar que pudiera ser el caso. Hasta ese momento no creo que sea muy desacertado pensar el que probablemente no existan.

¿Y por qué no podemos hacer lo mismo con la idea de Dios y del mundo sobrenatural?

Luego anduvimos considerando las alternativas a que Dios no existiera. Entonces lo que existe o se ha generado de la nada o ha existido desde siempre. El argumento cosmológico de la existencia de Dios se apoya en la idea de que de la nada nada se genera y como hay algo pues tuvo que haber un Ser responsable de su creación. El fallo del argumento es que sólo considera la posibilidad de que al principio no existiera nada. Esta idea junto con la teoría del Big Bang sobre la creación de nuestro universo conduce a declaraciones como las realizadas por los últimos Papas sobre el problema del inicio. Pero ¿quién dice que el Big Bang es un inicio desde la nada? Porque si ponemos nosotros las reglas del juego y partimos de una proposición falsa entonces el silogismo no se sostiene. ¿Cómo saben los apologetas cristianos que el Universo se originó de la nada? Existe otra alternativa mucho más sencilla antes de imaginar generaciones espontáneas desde la nada o la idea de un Creador: el que la energía y la materia fueran eternas y que el Big Bang sea el proceso de comienzo de este universo desde una energía pre-existente. La idea ni es contradictoria ni en modo alguno alocada.

¿Qué es más lógico imaginar una energía eterna impersonal y que sabemos que existe porque la podemos incluso medir, o  suponer la existencia de un ser personal, inteligente y eterno del que no tenemos ninguna pista? Al fin y al cabo todo lo que vemos es materia y energía, y del mundo sobrenatural sólo sabemos de oídas y, como ya he mencionado, nadie ha podido demostrar su existencia. Lo que queda a los apologetas es inventar explicaciones de por qué no podemos demostrar la existencia del mundo sobrenatural y por qué no podamos ver al Ser cuya existencia defienden tan fehacientemente.

¿No parece extraño que la Iglesia (y otras religiones) desde hace dos mil años haya defendido la existencia de milagros, posesiones, estigmatismos, apariciones etc., como una confirmación de la existencia del mundo sobrenatural para sus fieles pero no haya podido demostrar la veracidad de ninguno de estos sucesos?

¿No creen que sí alguien hubiera probado de  manera seria la existencia de lo sobrenatural el ateísmo sería ilógico?

Por eso he propuesto muchas veces que la demostración válida de la existencia del mundo sobrenatural tendría que ser prioridad de cualquier religión antes de empezar a “vender su producto”, de la misma manera que se tiene que probar la eficacia de un medicamento o una poción mágica antes de permitir su consumo. Lo contrario no es más que un intento de manipulación de las vidas de las personas por vaya a saber usted qué razón.

Pues no hay manera. Y sepan que lo he hablado incluso con algún exorcista a quien propuse que en vez de escribir libros nos hiciera el favor de crear una comisión de investigación para corroborar todo lo que de oídas sabemos, es decir y por ejemplo, el que los posesos hablan idiomas que no conocen, que son capaces de levitar, que a través de su piel aparezcan clavos o escrituras, o que simplemente se constate que son capaces de conocer lo oculto. Porque nada de esto es cuestión de fe. Si una niña posesa, por ponerme peliculero, es capaz de levitar, eso podría ser comprobado científicamente de una manera muy sencilla.

Pero no hay manera.

Y yo me pregunto ¿por qué?, ¿tiene usted alguna idea?


Yo sí.




miércoles, 22 de octubre de 2014

Votando la doctrina


He seguido con interés el sínodo de Obispos finalizado la semana pasada. Esta reunión de los pastores de la Iglesia tenía como objetivo el analizar los problemas actuales de la familia. Pero los temas que mediáticamente más revuelo ha ocasionado han sido la comunión de los divorciados vueltos a casar, la consideración de otras formas de convivencia, y el tema de la homosexualidad.

Las conclusiones finales de este sínodo se han recogido en la llamada “Relatio Sinodi” que agrupa los puntos tratados. Se ha discutido mucho en foros de internet y dentro de la Iglesia sobre esto temas pero no he visto publicado en ningún sitio algo que me ha llamado la atención de manera superlativa: el hecho de que la dirección a seguir por la Iglesia se decida mediante votación. Está claro que este ha sido un sínodo preparativo del que se celebrará el año próximo y que lo que se ha votado es la redacción final de las propuestas que se tratarán, pero se puesto en evidencia la existencia de bandos conservadores y aperturistas o progresistas entre los padres sinodales y la manera en la que se decidirá la dirección a seguir por la Iglesia en estos temas.

Un ejemplo es el de la petición del acceso a la comunión en algunos casos de divorciados vueltos a casar tras un "camino penitencial" y que tuvo el voto favorable de la mayoría de padres, pero que no alcanzó la cifra de los dos tercios para ser aprobado aunque sí incluido en la “Relatio”.

Recordemos el caso en 1968 de la famosa encíclica “Humanae vitae” del reciente beato Pablo VI, y en la que el Papa decidió en contra de la comisión a la que consultó sobre la utilización de medios anticonceptivos, y mediante la que cerraba la puerta a los matrimonios católicos al uso de la píldora.

El octubre que viene dependerá del número de obispos que cierren filas en torno a Müller, Burke o Pell, o de los que se adhieran a las propuestas de Kasper, lo que incline la balanza hacia la posibilidad de que algunas personas que han fracasado en su matrimonio y que han decidido rehacer sus vidas puedan volver a recibir la comunión o no.

En definitiva todo queda una cuestión de votos, intrigas, política, partidos, grupos, opiniones, rencillas, etc…, una manera de decidir sobre la normativa que el cristiano debe seguir que adolece de todos los defectos de la condición humana.

Y yo me pregunto ¿qué me obliga a mí a considerar algo como obligatorio o como prohibición cuando lo han decidido unos señores por votación tras días de intrigas de palacio y dependiendo del número que apoyara una u otra propuesta?

¿Desde cuándo lo que es verdad objetiva se puede decidir mediante votación? Porque una de dos, o los divorciados vueltos a casar objetivamente pueden comulgar o no pueden hacerlo, pero esto no puede depender de que en una votación se alcance los dos tercios a favor o en contra de la propuesta.

Este ejemplo me ayuda a entender mejor el tremendo desinterés de la sociedad moderna acerca de la Iglesia y la religión, y me hace pensar seriamente sobre la validez de unas normas o directrices pastorales y morales que deciden unos señores por consenso.



jueves, 10 de julio de 2014

El argumento de la experiencia religiosa: Apariciones


En la noche del 19 de septiembre de 1961, la pareja Betty y Barney Hill volvían a casa después de unas vacaciones en Canadá cuando observaron una estrella que se movía de manera extraña. Con la ayuda de unos prismáticos, Barney pudo constatar la presencia de un objeto volador que parecía ser tripulado por humanoides. Una vez en casa reconstruyeron lo eventos de aquella noche y confirmaron que no podían dar cuenta de lo sucedido durante dos horas de ese viaje. Después de someterse durante seis meses a un tratamiento de hipnosis regresiva la pareja concluyó que habían sido abducidos por extraterrestres. Tras la publicación de la historia de los Hill comenzaron a sucederse un número cada vez mayor de casos que se asemejaban a lo relatado por el  matrimonio y que siguen el mismo esquema en infinidad de películas de ciencia ficción.

Otro 19 de septiembre, el de 1846, los niños Maximin Giraud y Melanie Calvat, dijeron haber visto a una bella dama envuelta en una potente luz y llorando amargamente en el pueblo de La Salette-Fallavaux (Francia). La bella señora predijo castigos espantosos si la gente no abandonaba su vida pecaminosa y les transmitió varios secretos.

Entre el 11 de febrero y el 16 de julio de 1858 la niña Bernadette Soubirous, dijo haber recibido la visita de la Virgen María en la población de Lourdes.

En Fátima, los niños pastores Lucia dos Santos, Jacinta y Francisco Marto aseguraron haber sido visitados por la Virgen desde el 13 de mayo al 13 de octubre de 1917. En esta ocasión la Virgen también reveló a los niños varios secretos que contenían profecías y descripciones de castigos apocalípticos.

Estos hechos son ejemplos suficientes para introducir el tema del que quiero tratar en este capítulo. Sé a ciencia cierta que muchas personas se sentirán molestas al ver mezcladas las apariciones celestiales en las que creen con avistamientos o abducciones extraterrestres, otras se sentirán ofendidas por ver comparadas sus experiencias ovni con apariciones marianas, y un gran número de personas no verán diferencia alguna entre los sucesos mencionados. Pienso que es de sentido común el que el testimonio de la experiencia privada de hechos aparentemente extraordinarios no pueda ser utilizado como una prueba demostrativa de la existencia del mundo sobrenatural o de naves extraterrestres. La prueba del testimonio personal es tan débil que la Iglesia no obliga a sus fieles a creer en las apariciones que ella misma declara probadas.

Es interesante recordar que fue Pio IX –el Papa que concentró su lucha contra el modernismo y la pérdida de credibilidad y poder terrenal de la Iglesia- quien en un plazo de veinte años proclamó el dogma de la Inmaculada Concepción (1854), convocó el Concilio Vaticano I donde se aprobaron los dogmas de la posibilidad de conocer a Dios por la razón y el de la infalibilidad papal (1870) y dio su beneplácito a dos de las tres apariciones más famosas de los últimos siglos: La Salette (1851) y Lourdes (1862). Desde mi punto de vista, no deja de parecer sospechoso que sea precisamente en esos años de zozobra para la Iglesia cuando esta se blinda con la proclamación de los dogmas mencionados y declara probadas dos importantes apariciones marianas de las que una confirmaría el dogma de la Inmaculada Concepción (Lourdes).

Los testimonios sobre apariciones deben ser tratados igual que aquellos de personas que aseguran haber sido abducidas por extraterrestres. Pero ya que no podemos demostrar empíricamente la existencia de la visión, el esfuerzo debe centrarse en destacar las inconsistencias que lleven, al menos, a poner en duda de manera razonable dichos testimonios.

Lucia dos Santos, Jacinta y Francisco Marto
Como ejemplo analizaré el caso de Fátima, una de las apariciones más famosas sucedidas en 1917 y que fue aprobada por la Iglesia el siglo pasado.

No hay que olvidar que fue en febrero de 1917 cuando comenzó la revolución bolchevique y el triunfo del comunismo en este país, unos meses antes de que se produjeran las alegadas apariciones. En Portugal se vivía un ambiente antireligioso extremo desde la revolución de 1910: se promulgaron leyes contra los jesuitas y las órdenes religiosas, muchos obispos fueron suspendidos o expulsados, se embargaron bienes a la Iglesia, se abolieron los días festivos religiosos y se aprobaron la ley del divorcio y la de separación entre Iglesia y estado. El promotor de esta última, Alfonso Costa, predijo la erradicación del catolicismo en tres generaciones. Esas eran las circunstancias en el país donde se produjeron las apariciones.

La Virgen reveló tres secretos proféticos a los niños. Dos de ellos fueron desvelados en 1941 por la vidente Lucia para ayudar en el proceso de canonización de sus primos y el tercero fue escrito en 1957 y hecho público en el año 2000. Me centraré en el segundo secreto que contenía instrucciones precisas de la Virgen para recristianizar el mundo y espantosos castigos si no se aceptaba el contenido de los mensajes. He aquí el texto escrito por Lucia en 1941 y que se puede encontrar en la página del Vaticano:

Si se hace lo que os voy a decir, se salvarán muchas almas y tendrán paz. La guerra pronto terminará. Pero si no dejaren de ofender a Dios, en el pontificado de Pío XI comenzará otra peor. Cuando veáis una noche iluminada por una luz desconocida, sabed que es la gran señal que Dios os da de que va a castigar al mundo por sus crímenes, por medio de la guerra, del hambre y de las persecuciones a la Iglesia y al Santo Padre. Para impedirla, vendré a pedir la consagración de Rusia a mi Inmaculado Corazón y la Comunión reparadora de los Primeros Sábados. Si se atienden mis deseos, Rusia se convertirá y habrá paz; si no, esparcirá sus errores por el mundo, promoviendo guerras y persecuciones a la Iglesia. Los buenos serán martirizados y el Santo Padre tendrá mucho que sufrir; varias naciones serán aniquiladas. Por fin mi Inmaculado Corazón triunfará. El Santo Padre me consagrará a Rusia, que se convertirá, y será concedido al mundo algún tiempo de paz.” 

Según el mensaje,  la Virgen profetizó el nombre del sucesor de Benedicto XV ya en 1917. Pero no podemos olvidar que Lucia reveló el secreto en 1941,  después de la muerte de Pio XI quien reinó desde el 6 de febrero de 1922 hasta el 10 de febrero de 1939 y una vez comenzada la segunda guerra mundial. ¿Por qué Lucia no desveló el nombre de Pio XI en 1917 antes de que fuera elegido Papa y lo nombra por primera vez dos años después de su muerte?

Sor Lucia
La Virgen profetiza una nueva guerra que comenzará en el pontificado de Pio XI y que será anunciada con una luz desconocida. Para evitar este castigo pide la consagración de Rusia y la comunión los primeros sábados de mes. El  mensaje da a entender que el castigo de la guerra provendría de Rusia ya que si esta nación se convirtiera habría paz y se evitaría la propagación de errores y persecuciones por el mundo. 

Pero la guerra que comenzó después de la señal del cielo anunciada y que Lucia reconoció en la aurora boreal ocurrida el 25 de enero de 1938 no fue instigada por Rusia, sino por la Alemania nazi de Hitler al invadir Polonia el 1 de septiembre de 1939 y bajo el pontificado de Pio XII, no de Pio XI. Nos encontramos aquí con un problema importante: o la guerra-castigo anunciada fue la segunda guerra mundial y Rusia no la provocó, o el castigo provocado por la no consagración de Rusia son guerras futuras provocadas por Rusia, pero entonces el castigo no comenzó durante el pontificado de Pio XI ni fue anunciado por la señal luminosa del cielo en 1938.

Para hacer cuadrar la profecía con el inicio de la segunda guerra mundial, algunos sitúan el comienzo de esta guerra con la del conflicto sino-japonés, el 7 de julio de 1937. Pero existe una objeción a esta interpretación y es la fecha revelada por Lucia sobre la gran luz profetizada y que anunciaría el comienzo del castigo. Según Lucia, la gran señal del cielo anunciando el castigo divino, ocurrió medio año después del comienzo de la guerra sino-japonesa y un año y medio antes del de la segunda guerra mundial.

Otra posible interpretación, aunque un poco forzada, es que la guerra anunciada por la Virgen durante el pontificado de Pio XI fuera en efecto la segunda guerra mundial, pero que no tuviera nada que ver con el asunto de Rusia y sólo con la insistencia pecadora de los hombres. Es decir, por un lado una guerra peor que la primera guerra mundial y por otro un castigo en forma de guerras y persecuciones que sería infligido por Rusia. Pero de ser así no tendría sentido el que la Virgen prosiguiera diciendo: "Para impedirla..." y transmitiera que la manera de hacerlo es... consagrando a Rusia. Tampoco tiene sentido que, después de profetizar la gran guerra, la luz en el cielo de la que habla a continuación y que Lucia identificó en 1938 no señalara el comienzo de la misma sino tribulaciones futuras. 

La objeción más importante a la veracidad de esta profecía se encuentra en la fecha de publicación de sus escritos. Los dos primeros secretos fueron revelados por Lucia en 1941 a petición del obispo de Leiria José da Silva y, según ella, tras el permiso de la Virgen, mucho después de que hubiera comenzado el castigo profetizado de la segunda guerra mundial. ¿Cómo era posible entonces prevenir el castigo de la humanidad si Lucia no tenía permiso para comunicar el primer y segundo secreto hasta 1941? 

Una posibilidad es que las autoridades eclesiásticas y el Papa Pio XI supieran de las condiciones para evitar el castigo, es decir, la consagración de Rusia y la comunión de los primeros sábados y que no las hubieran cumplido. Parece ser que a Pio XI no le llegó el  mensaje  convenientemente y Pio XII consagró el mundo al Inmaculado Corazón en 1942, después de que el secreto fuera publicado por Lucia en 1941. Pero al no mencionar explícitamente a Rusia y al no hacerla en comunión con todos los obispos del mundo, Lucia declaró que esa consagración no era la que había pedido la Virgen y por tanto no podría aplacar la ira divina.

¿No es extraño que Lucia no desvelara los secretos antes del comienzo de la segunda guerra mundial para intentar prevenirla y lo hiciera unos años después de que la misma hubiera comenzado?

¿No es extraño que Dios requiera el cumplimiento de unas peticiones a su más alto representante en la tierra por medio de una vidente y que al no cumplirse castigue a la humanidad con una guerra que causaría 60 millones de muertos? Me resulta bastante difícil de entender que ese sea el modo de actuar del Dios cristiano. ¿Cómo puede ser tan importante un acto de consagración de una nación a la divinidad y que el no cumplirlo correctamente derive en la muerte de millones de hombres, mujeres, ancianos y niños inocentes?

Lo arriba expuesto no cuadra con la teología de la salvación por la que el Mesías cargó con nuestras culpas y expió nuestros pecados. Tampoco concuerda con la teología de la revelación explicada por la Iglesia y que considera acabada la comunicación oficial de Dios con el hombre tras el nacimiento, muerte y resurrección del Mesías.

Veintiocho años después del aparente castigo de la segunda guerra mundial, en otra aparición aprobada por la Iglesia, la Virgen de Akita (Japón, 1973-75) vuelve a amenazar a la humanidad:

"Como te dije, si los hombres no se arrepienten y se mejoran, el Padre infligirá un terrible castigo a toda la humanidad. Será un castigo mayor que el diluvio, tal como nunca se ha visto antes. Fuego caerá del cielo y eliminará a gran parte de la humanidad, tanto a los buenos como a los malos, sin hacer excepción de sacerdotes ni fieles. Los sobrevivientes se encontrarán tan desolados que envidiarán a los muertos. Las únicas armas que les  quedarán serán el rosario y la señal dejada por mi Hijo. Cada día recita las oraciones del rosario. Con el rosario, reza por el Papa, los obispos y los sacerdotes."

El secreto de Fátima sobre la guerra no se hizo público hasta 1941, por tanto, poco se pudo hacer para evitar el castigo de la guerra, si es que esa era la guerra anunciada. Y pocos años más tarde, Dios anuncia por medio de su madre en Japón otro castigo todavía más terrible.

Esta insistencia por parte de la divinidad en procurar castigos y dolencias a los hombres por no caminar por el camino correcto se posiciona incluso en contra de las más básicas nociones teológicas sobre la libertad moral del hombre. Por otro lado, si con un simple acto de consagración, es decir la dedicación de un país a la divinidad, Dios es capaz de impedir guerras y calamidades, esto necesariamente implicaría que Dios es capaz de evitar el mal en el mundo o, al menos, de no provocarlo. 

Se justifica entonces la pregunta lógica que completa uno de los argumentos más terribles utilizados por el ateísmo:
 “Si Dios puede evitar el sufrimiento de niños inocentes ¿por qué no sólo no lo hace sino que, además, con sus castigos, los aumenta?”

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Niños soviéticos protegiéndose de una ataque aéreo nazi, 1941



lunes, 30 de junio de 2014

Mi abuelo Luis


Hace cien años nació en Orihuela mi abuelo Luis. Recuerdo la casa en los Andenes, donde vivió tanto tiempo. Se encontraba enfrente de un almacén de naranjas que luego convirtieron en el depósito de ataúdes de alguna funeraria. Recuerdo el pino que un día plantó y del que estaba tan orgulloso porque era de una clase tan especial que hasta botánicos expertos venían de lejos a observarlo y tomar notas. Recuerdo una motocicleta tapada por un trapo y destilando aceite en el trastero de la casa. Recuerdo dos orzas inmensas guardadas en la misma habitación y que, en mi imaginación, albergaban a los ladrones del cuento de Alí Babá. Recuerdo el olor de los cítricos al medio día entrando por la ventana y mezclándose con el de la cola que utilizaba para reparar alguna que otra guitarra y en los trabajos de marquetería en los que empeñaba el alma. Lo recuerdo siempre con corbata. Recuerdo su sonrisa, su hablar y su mirada confusa cuando no entendía lo que decíamos debido a su sordera. Recuerdo su pasión por las almendras, el queso duro, el arroz y costra cocinado por mi abuela, y la manía de comer dientes de ajo crudos que le protegería contra todo tipo de cáncer. Recuerdo cuando dejó de fumar y me señalaba su pie dolorido aquejado de problemas circulatorios echándole la culpa a su querido vicio y aconsejándome para que hiciera lo mismo. Lo recuerdo recriminándome un verano porque me había dejado barba. Lo recuerdo, orgulloso, enseñándome las cicatrices que le dejó la guerra y otras veces triste, con la mirada fija, sentado en su mecedora y abrigado con una manta, escapándose quizás de nuevo a esos montes donde perdió a tantos compañeros y casi su vida. Lo recuerdo, al fin, sosteniendo a mi propio hijo en su regazo, satisfecho de haber vivido lo suficiente para poder disfrutar de tantos nietos y bisnietos. 



miércoles, 25 de junio de 2014

Los argumentos del ilusionista


Al margen de los argumentos clásicos y de las variaciones derivadas de la metafísica escolástica, existe otro tipo de pruebas que son utilizadas con frecuencia por los apologetas modernos como argumentos probativos de la existencia de un ser superior. Una de ellas se basa en la existencia de una moral objetiva y se puede resumir de la siguiente manera:

1.   Si Dios no existe, entonces los valores objetivos no existen
2.   Los valores objetivos existen
3.   Conclusión: Dios existe

Thomas B. Warren ha desarrollado el argumento de una manera más detallada.

1.   Si se puede someter críticamente (como mal moral real) el código y/o acciones morales de una persona, entonces debe haber algún estándar objetivo (alguna “ley superior que transciende el límite y el tiempo”) que es independiente del código moral particular y que tiene un carácter obligatorio que se debe reconocer.
2.   Se puede someter críticamente (como mal moral real) el código y/o acciones morales de una persona.
3.   Por tanto, debe haber algún estándar objetivo (alguna “ley superior que transciende el límite y el tiempo”) que es independiente del código moral particular y que tiene un carácter obligatorio que se debe reconocer.
Es frecuente escuchar un razonamiento ridículo relacionado con el argumento moral y que concluye que una persona no creyente no puede afirmar la existencia de una moral objetiva porque, al hacerlo, estaría aceptando la existencia de un legislador externo a la naturaleza. Es decir, la persona atea sería por definición una persona amoral o defensor de una moral relativa. En definitiva, un monstruo.

Kant no desarrolló un argumento demostrativo sobre la existencia de Dios basado en la moralidad, sabía que no podía hacerlo, pero admitió que, de manera particular, subjetiva y práctica, el creyente debía encontrar en la existencia de un ser superior la base y razón de la ley moral. En una nota de su “Crítica del Juicio” acertadamente puntualizó que:

"Este argumento moral no debe proporcionar prueba alguna objetivamente valedera de la existencia de Dios; no debe probar, al que no tenga fe, que hay un Dios, sino que si quiere pensar moralmente con consecuencia, tiene que aceptar lo que admite esa proposición, entre las máximas de su razón práctica. Tampoco se quiere decir con esto: es necesario para la moralidad, admitir la felicidad de todos los seres racionales en el mundo conformemente a su moralidad, sino debe decirse: es necesario por ella. Así, pues, es un argumento subjetivo, suficiente para seres morales". (De la Critica del Juicio, traducción de M. Garcia Morente, Madrid: 3 ed., Espasa-Calpe 1984, 368-369, nota 1)

La prueba de la moralidad se basa en la existencia de unas normas objetivas a las que, dado su carácter general y su pertenencia al ámbito de la inteligencia y voluntad del hombre, se les atribuye un origen externo a la humanidad y a las leyes de la naturaleza. Si analizamos despacio el argumento podemos entrever la existencia de varios errores de planteamiento. En primer lugar se da por sentado que la conducta humana, la acción moral, está desligada de la naturaleza.  Es decir, se supone que el hecho de poseer una inteligencia superior a la del resto de las especies animales libera de alguna manera al hombre de las ataduras de la naturaleza, convirtiendo al acto moral en algo así como un evento de grado superior que parece emerger de entre los efluvios vaporosos del alma. No es extraño, por tanto, que los mismos defensores del argumento moral no puedan considerar la racionalidad de la conducta humana como un aspecto más surgido en el seno evolutivo de la naturaleza. Pero considerar al hombre como un ser especial que en su vertiente moral no está sujeto a las leyes de la naturaleza automáticamente invalida el argumento de la ley moral, ya que presupone un estado especial del hombre fruto de algún tipo de intervención divina cuya existencia es precisamente lo que se quiere demostrar.

En segundo lugar el uso de la palabra “ley” o “normas” para hablar de la clasificación moral de un determinado conjunto de acciones predispone al lector a admitir la existencia de un legislador. De la misma manera que los seguidores de la corriente creacionista del diseño inteligente cuando se refieren al “diseño” de estructuras biológicas están sugiriendo de entrada la existencia de un diseñador. El argumento adolece de una evidente simplificación antropomórfica. El comportamiento humano está sujeto a unas reglas de la misma manera que otros procesos de la naturaleza. ¿Debemos suponer entonces que la existencia de reglas que gobiernan todos los eventos que se producen en la naturaleza presuponen su dirección por parte de un ser superior? Si es así, no necesitamos seguir analizando el problema y el argumento moral podría considerarse superfluo: la existencia de leyes en la naturaleza demostraría automáticamente la existencia de un legislador externo a ella.

Cern Repeats the experiment on - Neutrinos clocking faster than light
Es evidente que los procesos químicos, físicos y biológicos se ajustan a unos criterios que posibilitan la existencia del Universo y la vida en la Tierra. Estas normas generales que subyacen en los eventos naturales han sido descubiertas por el hombre quien ha sido capaz de describirlas de manera matemática y las ha denominado leyes. Pero el que existan estas leyes no exige necesariamente la presencia de un legislador u organizador. Las normas se derivan de las características de las partes implicadas en el proceso y es así que el agua, en condiciones de presión normales, no podrá hacer otra cosa que evaporarse si el movimiento de algunas sus partículas es suficiente como para vencer la fuerza de tensión superficial que las mantiene unidas al resto, proceso que se acelerará a medida que aumente la temperatura. Y no puede ser de otra manera, es decir, que el agua, por ejemplo, en vez de evaporarse se congelara al alcanzar los cien grados centígrados.
En ningún caso estoy sugiriendo que el acto moral efluye de la mente humana de la misma manera determinista con la que se evaporan las partículas de agua a una temperatura particular, aunque hablaré de ello más adelante. Lo que intento explicar de momento es que de la existencia de reglas no tiene porqué inferirse la existencia de un regulador, y que estas se desprenden o emanan de las características de las partículas, moléculas o substancias que formen parte del proceso que estamos observando.
  
La objetividad de las acciones morales que clasificamos en buenas o malas según unos estándares que deberíamos definir como universales es uno de los pilares en el que sustenta el argumento. Pero el que exista un criterio objetivo o universal no significa necesariamente que su fundamentación deba encontrarse fuera del ámbito natural. Pondré como ejemplo un comportamiento que, sin ser moral, no deja de ser universal y es el rechazo de la coprofagia o coprofilia, es decir, a la ingesta de heces. Aunque entre algunas especies animales se puede observar esta práctica, existe una tendencia natural e instintiva a considerarla como algo desagradable, malo, que puede derivar en un peligro para la salud del organismo y es considerada una patología psíquica. Pero de la existencia de una calificación objetiva  de este comportamiento (aun sin pertenecer al ámbito de la moral) no se sigue el que haya un ser superior que lo legisle. Es la naturaleza y la evolución la que ha seleccionado el comportamiento aversivo y universal a ingerir las propias heces.

Uno de los problemas del argumento moral es rechazar el que la clasificación de las acciones en buenas y malas pueda provenir de una evolución del comportamiento social. Existe entre los filósofos una gran ignorancia con respecto a la naturaleza y su modo de actuar. En la naturaleza se seleccionan comportamientos cuando estos reportan una ventaja para la supervivencia de la población y se rechazan aquellos que suponen inestabilidad o peligro para la especie.

En las especies animales sociales el comportamiento de los individuos debe estar absolutamente reglamentado para que esa sociedad animal funcione, y esa reglamentación ha ido seleccionándose durante generaciones para obtener la mayor ventaja posible para la especie.

Quizás sea más fácil de entender este punto si intentamos definir lo que significa y en qué se distingue un acto bueno de uno malo. La bondad de una acción está directamente relacionada con la adquisición de una ventaja por la persona o grupo receptor de dicha acción. La maldad de un acto y su gravedad se podría entender en función de la supresión de una ventaja o la aparición de un dolor físico o moral. Dejando de lado los caprichos de algunas religiones que se han dedicado a construir en nombre de Dios un compendio de moralidad mediante prohibiciones difícilmente defendibles, existe un número reducido de actos moralmente malos y que se resumen en aquellos que producen un mal físico o moral. El dolor es algo objetivamente malo, rechazable y de lo que huimos de forma natural, entonces ¿por qué nos sorprende el que las acciones que conllevan o están dirigidas a producir ese dolor (asesinato, robo, tortura, violación etc…) puedan ser clasificadas como objetivamente malas? La empatía, la ayuda, el sentimiento de justicia que caracteriza a las acciones buenas reportan un bien de manera natural y se encuentran en la base de los comportamientos sociales de muchos animales. ¿Por qué nos sorprende entonces el que consideremos de manera general el altruismo, la ayuda a los demás, como un valor moral objetivamente bueno y el asesinato como un acto aborrecible?

Los chimpancés muestran diferencias de género en su comportamiento desde la infancia.El valor objetivo de las acciones que calificamos como buenas forman parte de la dinámica de cohesión de las sociedades. Según Frans de Vaals, especialista en comportamiento de primates, las tendencias afectivas, y que él define como los pilares de la moral o de la ética, son la empatía (compasión) y la reciprocidad (justicia) (en paréntesis la versión del término aplicable a la especie humana). Estas dos características se encuentran en la base del comportamiento social de muchos primates y no sólo en la especie humana. Existe, por tanto, una moral o ética objetiva, un acuerdo global sobre la bondad y maldad de las acciones que podemos encontrar reflejada en las leyes penales y civiles de la mayoría de países y en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Esta moral o ética objetiva salvaguarda el buen funcionamiento de las sociedades y su existencia no demuestra la de una fuente de moralidad, una ley superior externa a la naturaleza y que, además, exija la existencia de un ser superior legislador exterior a la naturaleza. 

Desde mi punto de vista, el argumento moral no es más que un truco de prestidigitador, el argumento de un ilusionista.



miércoles, 30 de abril de 2014

El colorido final de un viaje metafísico

Lo que he aprendido hasta ahora es que la Metafísica, moviéndose en el mundo de las ideas y conceptos, mezcla constantemente el mundo lógico con el ontológico y así crea “entes” y características de esos entes que no tienen por qué existir en la realidad como sucede en el caso del problema de los universales a los que Dun Scoto (beato desde 1991) veía como entidades reales y S. Tomás como algo virtualmente presentes en las cosas (“antes (la idea en Dios), “en” (en la cosa en sí) y “después” de las cosas (en nuestro entendimiento)).

Un ejemplo son los llamados accidentes. El accidente sería una determinada característica de un objeto como el color, el sabor etc. Los metafísicos definen el accidente como un ser real, un ente que “existe en otro”. Así se pueden encontrar expresiones de este tipo:

El accidente tiene más necesidad de la substancia para subsistir; él es en ella y por ella y no podría existir solo”.

Analicemos, por ejemplo,  el color según la física y la neurofisiología moderna. El color es, en el lenguaje llano, una característica de un objeto: Es en realidad una percepción visual que se genera en el cerebro mediante  las señales nerviosas que envían los fotoreceptores de la retina al captar las diferentes longitudes de onda de la parte visible del espectro electromagnético. Todo cuerpo iluminado absorbe una parte de las ondas electromagnéticas y refleja las restantes. Las ondas reflejadas son detectadas por el ojo y procesadas e interpretadas en el cerebro como colores según las longitudes de ondas correspondientes.

Para que exista el color hacen falta tres cosas:
1) una materia estructurada en una determinada configuración o forma
2) la luz que incida sobre dicha materia y
3) un aparato visual y un cerebro que sean capaz de recibir y procesar determinadas longitudes de onda.

Es de día, el sol brilla y lanza sus rayos por doquier. La luz ilumina unos objetos con los que "choca" y, según la estructura material de los mismos será reflejada en determinadas longitudes de onda. Al pasar usted por allí recibe en su aparato visual esa luz reflejada y su cerebro "interpreta" esa combinación de longitudes de onda como azul, verde o rojo. Cuando usted ve algo de color negro es que la luz no se ha reflejado en ese objeto, existe el objeto y la persona que percibe pero falta la luz reflejada. A eso llamamos negro, a la ausencia de luz. Cuando entramos en una habitación oscura los objetos están allí, pero no podemos percibir la luz rebotando contra los objetos. Todo es negro. Después de este ejercicio mental creo que estamos en condiciones de contestar si el color es realmente un ser distinto al objeto que decimos "coloreado" y que “existe en él”. Me atrevería a decir que lo que llamamos color no es siquiera una característica del objeto. La característica del objeto es la manera particular en que su estructura material se organiza y que permite la reflexión de determinadas longitudes de onda y no de otras. Con el sabor o el olor sucede lo mismo. Decimos que algo es dulce o salado o tiene un determinado sabor porque al llevarnos a la boca parte de ese objeto, determinadas sustancias que lo componen interaccionan con los receptores del gusto que poseemos. Ello genera una señal neuronal que interpretamos como salado, dulce o como cada uno perciba esos sabores. ¿Es entonces el sabor de algo un "accidente", un “ser en otro”? Creo que no. La sustancia de la que está compuesto ese objeto es de una determinada característica. Contiene algunas moléculas que reaccionan con nuestros receptores del gusto y que desencadenan una señal nerviosa. Son características, particularidades, pero no son entes reales que distinguimos de otros porque no existan en sí sino en otros. A esto es a lo que me refería con la manera de ver la realidad del tomismo y que no se ajusta a lo que sabemos gracias a las ciencias. No hay necesidad de inventar "entes" que existan en otros entes. Si esto lo hubiera sabido S. Tomás no hubiera afirmado que el color es un ente que existe en otro. Pero ese es el problema de quedarse estancado con la manera de interpretar la naturaleza de la edad media. No sólo se interpretó mal en aquel tiempo la naturaleza (no podía ser de otra manera porque no existían los medios adecuados para detectar la longitud de onda ni la técnica adecuada para su medición) sino que se intentó explicar la realidad no sólo de manera conceptual sino incluso dando el salto del mundo lógico al ontológico al inventar y añadir realidades a los objetos como la forma, esencia, acto en potencia, etc.

Me es difícil creer, por tanto, que el tomismo sea el único sistema filosófico verdadero y, por ello, la actitud del tomista cuando afirma que si no entendemos su filosofía es porque nuestro entendimiento está viciado y nuestra inteligencia defectuosa, me parece bastante presuntuosa. Considero inútil la discusión con pensadores tomistas sobre cualquier problema filosófico porque para hacerlo tendremos necesariamente que aceptar sus conceptos de partida, las nociones de acto, potencia, accidentes, ser en acto, en potencia, esencia y existencia separadas, causa eficiente como atemporal, etc. El tomista quiere que juguemos en su campo y, además, con las reglas y la pelota que él quiera. Pero incluso si aceptamos algunas de esas definiciones en nuestra argumentación veremos que a menudo llegamos a un callejón sin salida. ¿Es el planeta tierra un ente individual en acto o es un conjunto de entes en acto? Permítaseme explicar que, según el tomismo, un ente individual en acto es un algo que no puede estar compuesto por otros entes individuales en acto sino en potencia.


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El tomismo defiende que nuestro cuerpo, por ejemplo, es un ente individual en acto y que las partes que lo componen, por ejemplo las neuronas que estamos utilizando para escribir e intentar comprender lo que escribo, son entes individuales en potencia, es decir, que sólo serán entes individuales en acto cuando se separan del cuerpo. Según el tomismo, existen entonces varias contestaciones posibles: Sí consideramos al Planeta Tierra un ente individual en acto, los materiales que lo constituyen serían entes individuales en potencia y no en acto. Entonces, si queremos salvaguardar la individualidad factual de los entes que la componen tendremos que responder que el planeta tierra es un conjunto de entes individuales en acto y no un ente individual en acto. Pero vemos que la tierra es perfectamente distinguible de otros planetas y la pensamos como un ente individual. ¿Cuál es entonces la respuesta correcta? Y si no podemos responder a esta pregunta ¿cómo podemos ser tan presuntuosos para, desde la edad media, decir que conocemos la organización de la realidad, la del mundo inorgánico y el orgánico y las características temporales finitas del universo? 

En el capítulo anterior analizábamos la demostración de la existencia de Dios mediante la vía de la contingencia. Como hemos visto, esta vía se basa en conceptos que no tienen por qué ser verdaderos: por ejemplo, el hecho de que observemos seres que dejan de existir o que alguna vez no han existido no significa necesariamente que hubo una vez en la que nada existió o que el conjunto de esos seres tenga que ser también contingente. Es como decir que un equipo de fútbol es de color porque todos sus jugadores lo son. Lo mismo sucede con la posibilidad o no de la existencia de una serie infinita de causas eficientes. O qué sea exactamente eso a lo que llamamos una causa eficiente. Es importante definir si el universo es un ente individual o un conjunto de entes, si los planetas son entes individuales o un conjunto de entes, si los seres vivos son entes individuales o un conjunto de entes que lo conforman. Mientras que no se demuestren la validez de esas premisas no podrán utilizarse en una vía demostrativa. Y este es el punto que la mayoría de pensadores posteriores a S. Tomás ha criticado y que empezó ya en su tiempo y ha llegado hasta nosotros (Hermes, Günther, Frohschammer, Feuerbach, Eucken, Saitta, existe una sucinta revisión sobre el anti-tomismo en el libro “Introducción al Tomismo” de Cornelio Fabro).

Considero el tomismo como una sistema filosófico cementado, dogmático en muchas de sus premisas y que no puede ser aceptado simplemente porque sí. El pensamiento ha seguido evolucionando y nuestro conocimiento de la realidad se basa, no puede ser de otra manera, en las ciencias experimentales. Existe un neo-tomismo que  intenta adaptar y ajustar los conceptos utilizados por el Aquinate a los conocimientos modernos sobre la realidad. La opinión de representantes de este movimiento se puede encontrar fácilmente en foros de discusión en internet y algunos de sus defensores actúan con la intolerancia propia de auténticos talibanes del pensamiento. Si no me cree, dese una vuelta por la red.

Creo haber terminado aquí mi viaje metafísico. En los próximos capítulos intentaré analizar el resto de argumentos utilizados por la apologética moderna: el argumento de la moral, el de la experiencia religiosa y el de la resurrección.



lunes, 31 de marzo de 2014

El arquitecto de los castillos de naipes


El título que encabeza este capítulo podría ser en apariencia ofensivo para muchos, sobre todo para quienes consideren todavía vigente la obra del Aquinate. Calificar la labor de este santo como un castillo de naipes podría ser interpretado como una manera sarcástica de ningunear a una de las mentes más brillantes del medievo y de la historia del cristianismo. Y ¿quién soy yo, pobre pensador aficionado e inculto, para atreverme siquiera a cuestionar la obra de tamaño monstruo del pensamiento?

Cuando me dispongo a comenzar mi tarea, oigo su voz atravesando ocho siglos para advertirme de los riesgos de la empresa que estoy a punto de comenzar.
"Si hay, pues, alguien que, orgullosamente engreído en su supuesta ciencia, quiera desafiar lo escrito, que no lo haga en un rincón o ante niños, sino que responda públicamente si se atreve. El me encontrará frente a sí, y no sólo al mísero de mí, sino a muchos otros que estudian la verdad. Daremos batalla a sus errores o curaremos su ignorancia”. S. Tomás de Aquino. De unitate intellectus.
Atemorizado, casi con el miedo de poder ser objeto de una maldición medieval, retomo el propósito que me ha llevado hasta aquí. Aunque esta noche me encontrara al fraile a los pies de mi cama no habría vuelta atrás. Pero por si acaso y a modo de protección ritual, una vez aceptada mi incapacidad intelectual y tras haber solicitado el perdón que ciertamente merece mi atrevida ingenuidad, pediré permiso a quién corresponda antes de introducirme en el sancta sanctorum de la teología cristiana para intentar, con la ayuda de mis torpes herramientas intelectuales, analizar la solidez de la construcción sobre la que se asienta la catedral del pensamiento católico. Me dispongo sólo a echar un vistazo a los cimientos de esta construcción y, aunque para muchos las conclusiones a las que llegue puedan ser erróneas y fruto de una evidente incapacidad intelectual, espero que el intento sea como una parada de avituallamiento en el viaje de búsqueda que inicié al comenzar este libro. Quienes se encuentren seguros al abrigo del edificio que me dispongo a inspeccionar harán oídos sordos a los resultados que les presente, y los que sientan la urgencia, como yo, de anteponer la verdad a la comodidad o a la seguridad, podrán abandonarlo antes de que se derrumbe sobre ellos y continuar conmigo esta apasionada búsqueda. Pero no adelantemos acontecimientos y comencemos con el análisis.

Nuestro santo, formado en las mejores universidades de Europa, tuvo quizás la oportunidad de ver los comienzos de la construcción de esa otra catedral, esta vez de sólida piedra, en la ciudad de Colonia cuando otro santo intelectual, Alberto Magno, lo llevó consigo para estudiar la filosofía de Aristóteles. San Alberto consideraba que la filosofía se basaba en razones y silogismos y así la separaba de la teología cuya base era la fe. S. Tomás fue más allá e intentó fundir en un todo armónico la filosofía del Estagirita con la verdad revelada y lo hizo separando radicalmente la filosofía de la teología conforme al sujeto de estudio de ambas, por un lado las criaturas y por otro la idea de Dios. Esta separación radical de los tipos de ser sentará la base que permitirá la construcción de toda su obra.
 S. Tomás está convencido que la razón es un buen instrumento en ayuda de la fe, que sirve para entender mejor las verdades cristianas y defenderlas del error. La razón, según el santo, es útil en la demostración de los preámbulos de la fe y uno de ellos, el más importante, es el de la existencia de Dios, a cuyo conocimiento llega mediante la demostración a posteriori, o de los efectos a las causas, de las criaturas al Creador. El dominico abordó el tema de la posibilidad de demostrar la existencia de Dios y la manera de lograrlo en los artículos 2 y 3 pertenecientes a  la cuestión 2 de la primera parte de su Suma Teológica. 
“La existencia de Dios y otras verdades que de Él pueden ser conocidas por la sola razón natural, tal como dice Rom 1,19, no son artículos de fe, sino preámbulos a tales artículos.”
Propone entonces sus famosas cinco vías para lograr ese conocimiento. Y es en este momento cuando nuestro arquitecto comienza la construcción de su castillo de naipes. La cuarta y quinta vías no poseen valor demostrativo en forma de silogismo y se limitan a imaginar que debe existir un ser que reúna las cualidades que observamos en la naturaleza en grado máximo (belleza, inteligencia etc…) o se concluye de la existencia de un diseño inteligente (que analizaré más adelante) al observar una intencionalidad en el obrar de las criaturas no conscientes. La refutación más sencilla a la cuarta vía se consigue aplicando el mismo razonamiento a cualidades negativas. Podríamos concluir que, como existen grados de maldad, debe existir necesariamente un ser que sea la maldad absoluta, y como existen grados de estupidez, que exista el tonto olímpico. Por otra parte es difícil saber si es un sólo ser el que reúne todas estas cualidades en grado superlativo o existen varios seres caracterizados por obtener la máxima puntuación en cada categoría analizada.

El esquema de las tres primeras vías es muy parecido en todas ellas y son una variante del clásico argumento cosmológico utilizado por la filosofía griega, árabe judía y cristiana y que es el argumento por excelencia utilizado por los filósofos teístas para demostrar la existencia de Dios. En resumen, parte de un dato de la experiencia, introducir un concepto metafísico, mostrar que es imposible una serie infinita y establecer una conclusión. Está claro que para siquiera considerar las demostraciones que expondré a continuación debemos en primer lugar estar de acuerdo con el marco metafísico en el que estas se desarrollan, es decir, admitiendo la validez de la metafísica aristotélica. Pero incluso aceptando las reglas del juego, es decir, los conceptos metafísicos de potencia, acto, ser contingente, ser necesario etc., veremos que el Aquinate incurre en varios errores, algunos de lógica y otros insalvables por la falta de conocimientos de la física de su época.

La primera vía utiliza el concepto aristotélico del movimiento, entendido este no sólo desde la perspectiva de la física sino como el cambio de una posibilidad de ser (potencia) al estado concreto de ser (acto). Se constata por la experiencia la existencia del cambio y que todo ser que cambia o se mueve lo hace por la acción de otro distinto. El Aquinate niega la posibilidad de una serie infinita de seres cambiantes y que cambian a otros a su vez. Hoy debemos reconsiderar los presupuestos de partida de esta vía con la ayuda de los conocimientos de la física moderna. Los cambios que observamos en el Universo se producen mediante la acción sobre las partículas de cuatro fuerzas o interacciones fundamentales de la naturaleza: gravitatoria, nuclear fuerte, nuclear débil y electromagnética. Si consideramos el Universo como un conjunto limitado de materia y energía donde las partículas se encuentran interactuando entre sí, no hay razón para imaginar una serie infinita y lineal de cambio. Este hecho junto con el primer principio de la termodinámica que dice que en un sistema cerrado “la energía ni se crea ni se destruye, solo se transforma”, invalida las premisas observacionales de partida de esta primera vía. Hablaremos de esto más delante cuando analicemos las teorías actuales sobre la geometría del Universo y el concepto de Universo de energía cero. El único cambio de potencia a acto que se salvaría de estas objeciones sería el del comienzo del Universo. Pero para ello debemos admitir que el Universo “no existente” sea un ser real en potencia.
Los conceptos de “ser en acto” y “ser en potencia” son fundamentales para el desarrollo de la demostración y, si el fundamento falla, no podrá sostenerse el castillo de naipes. El tomismo explica que la realidad no se identifica necesariamente con la existencia, es decir, no todo lo que es, existe. Pero esto lo hace para poder utilizar el concepto de cambio de “potencia de existir” a “acto de existir” que sólo puede ocurrir mediante la acción de un Ser superior. Según esta filosofía, los entes posibles se dan en la realidad pero no existen, como si estuvieran esperando a que un Alguien les cuelgue el cartelito de la existencia para hacerlo. Pongamos un ejemplo. Cuando formulamos la hipótesis de que Menganito Fulánez hubiera podido no nacer, el tomista sostiene que este hombre “se daba” en la realidad como “ente posible” antes de existir. Menganito Fulánez sólo existe en nuestro pensamiento como un concepto de “ente posible”. Russell criticaba a Meinong diciendo que le parecía excesivo que todo lo que se daba en el pensamiento existiera. Lo que a mí me parece en verdad excesivo es que lo que no existe, sea algo.

La segunda vía es una variante de la primera enfocando el problema en el principio de causalidad. El recurso a negar la posibilidad de la existencia de una serie infinita de causas eficientes es clave para llegar a la conclusión de la existencia de una causa primera. Pero el concepto de serie infinita de causas es perfectamente aceptable y no entraña ninguna falsedad lógica. Por otra parte, desde el punto de vista lógico no es admisible la conclusión de que si un eslabón de una cadena es precedido siempre por otro tenga que haber uno que preceda al conjunto de los demás. No hay razón alguna para eximir al primer eslabón de las reglas que comparten el resto de ellos una vez fijada la premisa que se deriva de la experiencia, es decir, el que cada eslabón sea siempre antecedido y seguido por otro. En la vía se distinguen además las falacias de petición de principio al afirmar que no exista nada que sea incausado o causa de sí mismo y la falacia de composición, al atribuir al conjunto una característica de sus partes: el que universo esté compuesto por seres causados no exige el que la totalidad de estos seres deba tener una causa. 

Considero la tercera vía la más interesante por su aparente complejidad. Podemos observar en ella la diferencia entre el ser de Dios y el de las cosas creadas y descubrir la técnica utilizada por nuestro habilidoso arquitecto para dar estabilidad a su construcción de naipes. La demostración deriva de la distinción entre los seres perecederos o contingentes y lo necesarios. Sigue el mismo esquema que las dos anteriores y se puede plantear de la siguiente manera:
  1. Las cosas pueden existir o no existir
  2. Es imposible que lo que puede no existir exista siempre
  3.  Lo que puede no existir hubo un tiempo en que no existió
  4. Pero si todo lo que conocemos puedo no existir hubo un tiempo en que nada existió
  5. Y si eso fuera así, hoy no existiría nada ya que nada empieza a existir por sí mismo
  6. Pero como esto no es así debe existir algún ser necesario
  7. Es imposible una serie infinita de seres necesarios
  8. Debe existir un ser absolutamente necesario causa de necesidad de los demás y cuya causa de necesidad no esté en otro.
Esta vía, como las anteriores, es el clásico “paralogismo de los metafísicos”, es decir, crea mediante premisas falsas o parcialmente verdaderas una problemática que no tiene por qué existir en la realidad para después resolverla de forma aparentemente satisfactoria.

Dejando aparte el que no hay manera de saber si en verdad lo que existe hoy podía no haber existido, la experiencia nos dicta que todo lo que observamos es contingente, es decir, podría no haber existido y es perecedero. Para continuar con la demostración, se utilizan premisas (2 y 3) que derivan de la contraposición de la definición de ser contingente con la de ser necesario cuya existencia es, en última instancia, lo que se quiere demostrar ya que no existe evidencia alguna de ellos. Aunque parezca que la vía es capaz de demostrar la existencia de estos seres, dicha demostración se invalida al utilizar en la misma el concepto que se quería demostrar. La única manera de afirmar las premisas 2) y 3) es sabiendo que si el ser necesario es aquel que no puede no existir, o lo que es lo mismo, existe siempre, que el contingente exista siempre es algo imposible, por tanto, hubo un momento en el que no existió. Es un razonamiento circular apoyado en definiciones a priori. Hay que darle la razón a Kant cuando veía en este argumento cierta semejanza con el de S. Anselmo, en el que el santo dio el salto prohibido del orden lógico al ontológico.

El Aquinate asume la contingencia como una característica del Universo en su totalidad, aunque no se explica por qué razón la contingencia de elementos individuales deba de trasladarse al conjunto. De que los jugadores integrantes de un equipo de fútbol sean todos de color no se sigue que el equipo también lo sea.

Según esta vía, lo que es perecedero hubo un tiempo en el que no existió, pero eso no significa que ese momento tenga que ser compartido por todas las cosas al mismo tiempo, es decir, el que hubiera un momento en el que nada existió. Según la física moderna, la energía y la materia están en continua transformación, los constituyentes básicos de un determinado objeto no desaparecen sino que se reorganizan y tiene la capacidad de formar parte de otros seres u objetos. Por eso podríamos considerar, como observamos en la realidad, que los seres o cosas perecederas dejan de ser al morir o al ser destruidas, y el substrato del que estaban compuestas se reorganiza para formar parte de otras. Ese componente o componentes fundamentales del que está formado el Universo podría fácilmente identificarse con el ser necesario de la tercera vía (la vía no concluye satisfactoriamente que sea uno o varios los seres absolutamente necesarios). Podríamos trasladar el razonamiento de la contingencia también a este substrato, pero la única manera de hacerlo sería afirmando categóricamente que hubo un momento en el que nada existió. Para ello debemos asumir que la materia y energía fueron creadas o se generaron de la nada, algo que, a día de hoy, no tenemos manera alguna de saber. S. Tomás afirma gratuitamente el principio “de la nada, nada sale”, algo que está siendo hoy muy discutido por la cosmología moderna y que trataré más adelante.

La defensa del argumento cosmológico no ha variado mucho desde los tiempos de S. Tomás. William Lane Craig ha popularizado en libros y debates una variante del mismo que se basa en la imposibilidad de series infinitas de causas y en la "intuición metafísica obvia" basada en la experiencia de que "de la nada, nada puede salir". La variante del argumento de Kalam defendido por Craig presenta errores similares cometidos por los escolásticos y se puede criticar de la misma manera a como lo hemos hecho con el clásico argumento de la Primera Causa. 

Llegados a este punto, no entiendo la razón por la que la Iglesia llegó a “dogmatizar” las enseñanzas de S. Tomás y sigue haciéndolo hoy en día. Desde mi punto de vista, León XIII cometió un error al intentar adoptar y recomendar de manera obligatoria la enseñanza de un determinado sistema filosófico sólo porque estuviera de acuerdo con las enseñanzas del cristianismo y creyera que podría explicarlo de manera racional (encíclica Aeterni Patris). Se entiende entonces el que instituciones consideradas conservadoras dentro de la Iglesia se aferren a esa “doctrina” con el peligro de impedir la libertad de pensamiento entre sus miembros. Esta velada imposición se introdujo también en las constituciones de la Compañía de Jesús, cuando S. Ignacio de Loyola estipuló que su fundación debía seguir la teología de S. Tomás.

Para reaccionar contra los errores del modernismo y continuar con la lucha que había comenzado su predecesor, Pio X defendió con insistencia la doctrina filosófica de S. Tomás y aprobó las famosas XXIV tesis tomistas, algo que enseguida se interpretó como una imposición doctrinal en materias opinables y que fue suavizado posteriormente por sucesivos pontífices (Para un buen conocimiento de esta historia remito a "Génesis histórica de las XXIV tesis tomistas" de Francisco Canals Vidal).  El documento que ratifica la aprobación de las XXIV tesis tomistas es el Motu proprio Doctoris Angelici (29.6.1914) promulgado sólo para Italia e islas adyacentes. Más adelante Benedicto XV ratificó que esas tesis eran normas directivas seguras. Los papas en este tema se han expresado siempre de manera poco clara. Por un lado defendían la libertad dentro de las distintas corrientes de pensamiento cristiano y por otro advertían severamente a los que se apartaban de las enseñanzas del Aquinate, a quien consideraban único portador de la verdad. Podemos encontrar un ejemplo claro en la encíclica Pascendi de Pio X:
“Queremos que los que enseñan estén firmemente advertidos de que el apartarse del Doctor de Aquino, principalmente en las cuestiones metafísicas, no se hará nunca sin grave detrimento”.
Antes de abandonar los argumentos de la edad de oro de la filosofía cristiana y continuar analizando otras pruebas que apunten a la existencia de un Creador, me queda comprobar si lo que Pio X advierte con relación a la metafísica del Aquinate puede hoy en día seguir asegurándose con la misma certeza. Pero esto será tema del siguiente capítulo.