viernes, 14 de noviembre de 2008

El gimnasio (I)

Me he apuntado a un gimnasio. Al finalizar el verano y con unos kilillos de más recordé los días en los que frecuentaba uno del tipo recuperación y rehabilitación médica y que me ayudó a mantener la figura y sobrellevar un problemilla de espalda. Este año me he buscado otro donde también se puede hacer ejercicios aeróbicos y además tiene baño turco y sauna. Pero este es distinto, muy distinto. Así como en mi antiguo y aburrido gimnasio sólo había personas mayores y algún que otro joven un poco escoñao como yo mismo, en el nuevo “super-fitness-saca-bola” he descubierto un mundo. El mundo del culto al cuerpo. Y hay pa’contar y no acabar.
Uno (bueno, yo) entra allí el primer día con el típico miedo a lo desconocido y al cruzar la puerta te das cuenta de que te cuelgan del cuello carteles donde con letras gordas están escritos todos lo complejos que se han ido acumulando durante años en relación con tu cuerpo. Te parece que todo el mundo los lee y los memoriza mientras que no cesan de darle a la máquina de bíceps o de correr sobre la cinta. Y tú que te crees mirado y observado aunque, de hecho, nadie ha reparado en tu presencia, te arrugas y empiezas a hacer tus ejercicios despacio, sabiéndolos vanos. Uno no se fija en los que son como él, que hay muchos. Uno se fija en las carencias propias y lo hace sobre todo cuando ve las ganancias de los demás. Y en mi gimnasio hay mucha ganancia. Se ven tíos que parecen haber nacido en un banco de abdominales y que nada más nacer, y antes de pedir teta, se habrían trabajado el abdomen hasta dejarlo como una pastilla de chocolate. Hay otros que, usando todavía pañales y en un descuido de la madre, se engancharon a la máquina de musculación de bíceps y no han parado desde entonces. La gran mayoría son poseedores de una cinturilla trabajada tipo Madelman y una espalda mas ancha que la cara de los que se dedicaron en este país a negar la crisis durante tanto tiempo. Y lo peor no es eso. Lo peor es cuando quien te mira es una “ella”. “Ella” que, con permiso de mi mujer que también me lee, parece haber volado desde el Olimpo de las Bollicaus y aterrizado en unas elípticas justo enfrente de ti. Y tú en ese momento no te has dado cuenta y has empezado a usar una máquina que Mister Proper utilizó antes y había configurado para levantar una vaca y ves que no puedes, que no, lo intentas resoplando pero no puedes. Y “ella” que observa como tienes que abandonar y cambiar de pesas de manera que cualquier niño podría manejarlas ahora. Y encima hace una mueca, y te dedica una media sonrisa burlona mientras sigue subiendo y bajando en las elípticas sus caderas perfectas. Luego están los especímenes que se pasan minutos enteros entre aparato y aparato mirándose en el espejo observando el crecimiento milimétrico y diario de sus queridos y ansiados musculillos. ¡Y no sienten ningún tipo de vergüenza! Eso sí es tener confianza en uno mismo. Yo, por supuesto, en camiseta de mangas normales, ellos con camiseta sin mangas, para que se vea más. Ahora me voy al gimnasio, pero continuará…

4 comentarios:

  1. Bueno, me he desternillado, Jose A. Divertidísimo, por favor, cuéntanos más otro día.

    Qué mundo el de los gimnasios, de verdad, da para varias entradas.

    Yo descubrí en el mío hace ya muchos años (me apunto y luego no voy, me aburro mucho) el mundo de las señoras que se dedican 4 horas de estética diaria -gimnasio, esteticienne, ahora la cara, ahora el masaje, etc-viven como reinas y encima ¡se dedican a criticar al tipo que las mantiene en público y con altavoces!: no daba crédito de la cara dura que se puede tener en esta vida.

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  2. Master, tengo previstas, si no pasa nada, un par de entradas más. Continuará....

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  3. A mí me produce grima el personal asiduo a los gimnasios: cultivadores de musculillos, reforzadoras de culamen, porteros de discoteca ...

    Y he dicho "asiduos". Luego están los tontarras, como yo y Jose A, que acudimos por prescripción médica (¡esa barriguilla de sedentario!), por necesidad vital (rehabilitaciónes, etc) u otros motivos. Éstos últimos, debido quizás a esa complicidad en lo hostil, entablan cierta amistad, muchas veces enriquecedora (al menos eso es lo que he podido comprobar).

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  4. Hola,

    No le escribo en el blog del P.F. porque es algo inútil entre tanta tontería querer comunicarse.

    Esa frase del p.F. es típica de e´l, pero no se sostiene en tanto que no demuestra nada.

    ¿Le interesa el tema exorcístico desde el punto de vista histórico?, si la respuesta es sí le aseguro que hay montones de buenos artículos al respecto, algunos se pueden consultar incluso en internet. Puede darle referencias exactas, si lo desea. Pero me refiero a artículos de historiadores y filólogos, principalmente, nada de cuestiones poco científicas y nada demostrables, solo un acercamiento exclusivamente racional y con sentido común.

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