
jueves, 23 de abril de 2009
Nada que celebrar (al menos por mí)

miércoles, 22 de abril de 2009
Algo que celebrar

miércoles, 15 de abril de 2009
LA COPE

Publicado por Fundación Burke el 15 de Abril de 2009 en Política y Sociedad.
Conjeturar cuáles pueden ser los efectos y consecuencias de las decisiones que se toman resulta siempre un ejercicio de alto riesgo, máxime cuando tales decisiones se toman en el ámbito de lo público. Y sin embargo es un ejercicio que no puede dejar de hacerse. Por ello, una valoración acerca de la decisión adoptada por la cadena COPE de prescindir de quien hasta hoy es su principal activo como director de La Mañana: Federico Jiménez Losantos, se hace ineludible.
Es obvio que a nadie que no esté en el ámbito de la decisión, de las innumerables particularidades y circunstancias que con toda seguridad han coadyuvado a esta drástica medida, le compete entrar a valorar la conciencia o las motivaciones de las personas que la han tomado. Pero lo que sí debe hacerse es una valoración prudencial acerca de las posibles consecuencias sociales y políticas que necesariamente acarreará, quizás de mayor calado de lo que a primera vista pudiera parecer.
Indudablemente, Losantos es, hoy por hoy, el comunicador mediático más influyente de la derecha española. Y lo es porque, además de sus aptitudes personales para la comunicación -y esto merece subrayarse, en estos tiempos de indigencia-, tiene cosas que comunicar y posee un discurso coherente, sustentado en una amplia cultura vital e intelectual.
Este discurso es liberal, sí, pero de un liberalismo que él, con toda conciencia, ha querido integrar dentro de un planteamiento político (es decir, de acción moral y práctica) más amplio, que incorpora y abarca al grueso fundamental de la derecha española. Federico Jiménez Losantos ha procurado el acercamiento a un amplio sector de población coincidente en un núcleo fundamental de ideas básicas, a saber: la defensa y promoción activa de un concepto de España, la protección de instituciones básicas de la sociedad (fundamentalmente, la familia y la libertad subsiguiente que ésta tiene en justicia para educar a sus hijos), la defensa de la vida humana y de su dignidad insoslayable, junto a principios políticos esenciales como el de legalidad y el de limitación del poder político. La salvaguarda de estos valores la ha llevado a cabo frente a un Estado autonómicamente elefantiásico que cada día que pasa más se convierte en una máquina trituradora de cualquier libertad fundamental. Un Estado que, mediante un imperialismo ideológico y práctico avasallador, amenaza con dejar a la sociedad española absolutamente inerte, si es que no indefinidamente muerta.
No cabe duda de que Jiménez Losantos ha obtenido un éxito notable en sus objetivos, sustentado en parte, justo es decirlo, en la cualidad del medio desde el que ha transmitido su discurso: nada menos que la radio oficial de los católicos.
Además, la presencia de Federico en una radio oficialmente católica expresaba de un modo paradigmático un aspecto particularmente interesante que se está produciendo en las últimas décadas: el acercamiento progresivo entre el mundo laico y liberal, que se halla en el proceso de abandonar viejos resabios antirreligiosos, y el mundo católico, que, ante la presencia casi hegemónica en los ámbitos cultural y político de fuerzas infinitamente más nihilistas y totalitarias, comienza a no identificar al liberalismo como su enemigo. Este acercamiento no es el resultado de una confusión en los principios o de renuncias a la identidad de cada uno, sino una cooperación fructífera y necesaria en lo político (es decir, insistimos, en la acción, la movilización y la consecución de logros comunes). Basta leer el prólogo que el papa Benedicto XVI ha escrito para la última obra del que fuera presidente del Senado italiano Marcello Pera para darse cuenta del calado e importancia de este acercamiento.
Lejos de considerarlo como un competidor molesto y un extraño, desde nuestro planteamiento conservador y tradicional -y, por ello, no liberal- vemos en él una fuente de estímulo para desear hacer, al menos con igual frescura y desparpajo, un discurso de derechas que sea a la vez renovador y tradicional.
Esta confluencia es la que ha protagonizado la respuesta cívica de la derecha española más importante de las últimas décadas, frente al Gobierno más sectario y radical que existe hoy en Europa. Respuesta cívica, por cierto, en la que Jiménez Losantos ha desempeñado un papel transcendental que es necesario reconocerle.
En la vida de cada cual, las decisiones no se toman jamás entre lo que se tiene y lo que se quisiera tener. ¿Cuál es la potencia creativa real de un catolicismo social español para generar Losantos católicos? Si por circunstancias históricas o coyunturales no se ha generado nada así, ¿debemos por ello renunciar (en este caso dinamitar) a construir un espacio público de libertad y de regeneración social? ¿No es acaso esto mucho más católico?
El catolicismo social no puede renunciar a tener criterios claros sobre lo que pasa políticamente en España. Tal vez alguien en el mundo católico tenga que repensar cuál es el régimen político real en el que vivimos. Tal vez algunos sectores de la Iglesia deban reflexionar si se quiere seguir siendo un actor más en el gran juego del consenso político -que no social- español. Con la singularidad añadida de ser el único actor que juega contra sus propios intereses, quizás porque no se han enterado aún de cuáles son las reglas de este consenso.
domingo, 12 de abril de 2009
Sí, yo también lo creo
miércoles, 8 de abril de 2009
Así nos va

Ya tenemos nuevo gobierno en España. Recién lavadas y planchaditas han salido a ocuparse de este país las viejas caras de siempre. Zapatero se rodea de una guardia pretoriana que está más unida por sus ideales y radicalismos políticos que por sus conocimientos y aptitudes para resolver los problemas de nuestra nación. Está claro que le preocupa más gestionar España ideológicamente, como se hace con un partido, que buscar soluciones contratando a tecnócratas preparados en estos momentos de crisis.
Pongamos un ejemplo: Pepiño Blanco, bueno, me corrijo, ahora según el protocolo oficial al alcanzar el cargo de ministro debemos utilizar el tratamiento de Excelencia: el Excelentísimo Señor Don José Blanco López.
No me parece de recibo que una persona que no tiene estudios superiores -y no porque no hubiera tenido acceso a ellos sino porque no dio la talla para ni siquiera aprobar un curso de derecho- se le encargue la organización de un ministerio tan importante como el de Fomento. Si lo pensamos bien, con su capacitación, D. José Blanco López no hubiera podido acceder ni a la plaza de pasante de un bufete de abogados. Ni mucho menos habría podido ser seleccionado como ejecutivo en una empresa. D. José Blanco no hubiera llegado a ningún sitio sin estudios pero, insisto, el problema no es que no los tuviera, sino que no mostró la capacidad intelectual para aprobar ni siquiera un curso. Se me podrá decir que este hombre no pudo dar el cien por cien debido a su dedicación política, de acuerdo, pero es que tampoco se me puede convencer de que una persona que se ha dedicado a la organización de un partido, a la intriga, a la demagogia barata ¾lo único que ha hecho en toda su vida¾ esté capacitado para dirigir la empresa más importante que se dedica a gestionar la infraestructura de este país.
¿Y por qué el Excelentismo D. José Blanco puede sin títulos llegar a ocupar ese puesto de responsabilidad? Porque así lo han querido los españoles y su presidente y amigo Zapatero.
Lo de Pepiño me ha llamado la atención pero lo que de verdad me sacó de quicio ayer e hizo que me llevara las manos a la cabeza cuando oí la noticia fue la decisión de Zapatero, con la que está cayendo, de poner directamente bajo la supervisión de presidencia del gobierno, insisto, de encargarse personalmente de
¡¡¡¡¡¡¡ la gestión del DEPORTE en España!!!!!!!!!!!!!!
Lo demás ya lo solucionará Obama y el G20.
¡Olé tus güevos, machote!
miércoles, 1 de abril de 2009
El ombligo

Tengo que reconocer que soy raro. Nadie va por ahí preguntándose constantemente si hay algo después de la muerte, o si el universo es eterno o si realmente tuvo un principio, o si es verdad el que se esté expandiendo y sobre dónde coño lo hace si el cosmos es lo único que hay, o acerca de dónde están los límites de la existencia. Y esto mientras que cambio pañales, limpio culos, preparo biberones o recojo a un niño el martes de su entrenamiento de fútbol. O sea, que mucho tiempo para pensar en serio no tengo, así que lo que escriba aquí ¾como hago a menudo¾ será probablemente pura ignorancia intelectual.
Hoy he imaginado ¾quizás influenciado por la lectura crítica de un opúsculo de Jacques Maritain a la que me estoy dedicando estas últimas noches¾, que despertaba un día de un letargo largo e incomprensible en medio de la edad adulta y en el siglo que viene y me daba cuenta de que era el único hombre sobre la faz de la tierra. Merece la pena ponerse en esas circunstancias e imaginar la situación.
Yo creo que lo primero que hubiera hecho es mirarme las manos, el cuerpo, me hubiera tocado la cara para sentir esa parte de mí que ve y que parece pensar.
Y lo primero que me hubiera preguntado es: ¿qué soy? ¿quién soy? ¿qué hago aquí? ¿de dónde vengo? ¿qué va a ser de mí?
Sin darme cuenta lo primero que habría hecho es... filosofía.
No habría nadie a quien preguntar. Nadie que contestara a mis preguntas. Sólo yo y el universo (o el universo y yo).
Si hubiera encontrado un cuento entre los escombros de esa ciudad desolada y hubiera leído (imaginando, por supuesto, que fuera capaz de ello sin haberlo aprendido) que los niños vienen de París, lo hubiera creído a pies juntillas. Más tarde habría observado el comportamiento de los animales y aprendido que los seres vivos nacen, se reproducen y mueren.
Entonces, lentamente, en una acción embargada por la emoción, me habría tocado el ombligo para darme cuenta de que yo también tenía esa cicatriz cuya causalidad estuvo tanto tiempo oculta ante mis ojos. Esa irregularidad en mi cuerpo era la señal para saber que yo también había tenido una madre. O no, si las incubadoras que descubrí entre los escombros habían sido utilizadas para el desarrollo extrauterino de seres como yo.
No he resuelto el problema y sigo en busca de una señal, esa que nos indique de dónde venimos y, quizás, hacia dónde nos dirigimos.