Esta entrada es consecuencia de una discusión que he mantenido con alguien hace poco en otro sitio del blog. Como el tema es bastante interesante he decido responder de una manera más tranquila y extensa.
No es la primera vez que alguien me dice que yo soy creyente y tengo fe si
pienso que todo lo que existe es materia y energía. Me dicen que tengo fe en lo
que pienso porque no lo puedo demostrar. Se extrañan que no considere como equivalentes
las posturas de creer en un Dios creador y la de sostener que la materia y
energía sea todo lo que existe.
Vayamos por partes.
En primer lugar hay que distinguir entre el significado de las palabras
creer y pensar. Muchas veces se utilizan indistintamente con el mismo
significado. Pero en
sentido estricto, creer es pensar que algo es de una determinada manera sin tener
pruebas suficientes que lo demuestren; creer es hacer un acto de fe.
Yo no hago un acto de fe cuando pienso que la materia y energía sea todo lo
que existe. Es lo que, de manera natural como resultado de la observación,
tengo que pensar si no encuentro algo que contradiga esa idea. Y la única
manera de contradecirla es el sostener la alternativa de que todo deba su existencia a un creador.
Ahora bien, para proponer esta alternativa tendrá que haber algo que nos
lleve a pensar en la posibilidad de que así sea, es decir, que hallemos
algún indicio o prueba de la existencia de ese ser superior.
En mis últimos escritos se puede observar el esfuerzo que con toda
sinceridad estoy haciendo para encontrar esas pruebas. Hasta el momento el
análisis de la filosofía, la de supuestos milagros, apariciones, videntes o
posesiones no me ha proporcionado ni el más mínimo motivo para pensar que la
existencia de ese ser superior o del mundo sobrenatural no sea más que el
resultado de la imaginación de los hombres en su ansia ancestral de buscar
explicaciones a lo desconocido.
Mi interlocutor propone que la observación del orden en el mundo es la prueba
de que tiene que haber un agente ordenador. En su última contribución niega que
se esté refiriendo al Dios de las religiones sino a un diseñador. Desde mi
punto de vista no creo que el nombre sea de importancia. Nos referimos a un
agente exterior a lo que conocemos y responsable de su creación u ordenación;
pueden llamarlo Dios, Creador, Diseñador o como más les guste. Por cierto,
podría ser uno o varios.
Mi interlocutor parte de la idea de que existe el orden en el mundo, y si
existe orden debe existir un ordenador (como mínimo), como cuando nos
encontramos con un cuadro, una escultura o un libro pensamos inmediatamente que
debe existir un artista responsable de esa obra de arte. He intentado varias
veces refutar este argumento con explicaciones que o son ignoradas o no se
entienden.
Lo intentaré una vez más.
El comparar la organización de la materia, el mundo o el universo, con algo
que ha sido fabricado como una obra de arte o una máquina, es caer en la
falacia de petición de principio. Es decir, incluimos entre las premisas lo que
queremos probar. Si decidimos de entrada que lo que existe es una “obra” está claro
que el razonamiento exige la existencia del responsable de dicha obra.

Aparte de la debilidad lógica de este pensamiento, tendríamos que definir primero
y bien lo que significa orden. Hagamos un ejercicio mental. Eliminemos del
mundo toda obra creada por el hombre. Dejémoslo desnudo, sin siquiera un
instrumento de caza o de labranza. Solo. Miremos ahora alrededor. Lo único que
podríamos definir como orden es la existencia de seres vivos y de leyes por las
que la naturaleza se rige: físicas, químicas y biológicas. Incluso antes de que
surgiera la vida en la Tierra, el único orden que podríamos definir como tal es
la existencia de esas leyes de la naturaleza gobernando la materia. Se pierde de vista el que por el hecho de existir, la materia interacciona con
ella misma en la manera que nosotros hemos descubierto que lo hace y que denominamos leyes.
Existen cuatro tipos de interacciones fundamentales entre partículas: interacción nuclear fuerte, interacción nuclear débil, interacción electromagnética e interacción gravitatoria y son estas interacciones las que gobiernan todo lo que existe. La disposición espacial y temporal de determinadas partículas y el resultado de la combinación de esas interacciones puede dar lugar a un sistema que nosotros interpretamos como organizado, por ejemplo una célula.
Imagino a mi interlocutor removiéndose intranquilo en su sillón ansioso por presentarme la siguiente objeción: y si existen leyes que gobiernan lo que existe, ¿quién hizo esas leyes? Porque la existencia de leyes exige inmediatamente la de un legislador.
Existen cuatro tipos de interacciones fundamentales entre partículas: interacción nuclear fuerte, interacción nuclear débil, interacción electromagnética e interacción gravitatoria y son estas interacciones las que gobiernan todo lo que existe. La disposición espacial y temporal de determinadas partículas y el resultado de la combinación de esas interacciones puede dar lugar a un sistema que nosotros interpretamos como organizado, por ejemplo una célula.
Imagino a mi interlocutor removiéndose intranquilo en su sillón ansioso por presentarme la siguiente objeción: y si existen leyes que gobiernan lo que existe, ¿quién hizo esas leyes? Porque la existencia de leyes exige inmediatamente la de un legislador.

Cuando hablo de autoorganización no estoy haciendo un acto de fe y me gustaría hacer una consideración que, aunque parezca banal, suele perderse de vista en estas discusiones. No es lógico asumir la existencia de algo que no podemos observar, o de lo que no tenemos prueba alguna, como parte de la ecuación para explicar la existencia. El pensamiento humano -y esto no es cientifismo como algunos quieren hacernos entender- funciona así. No podemos echar mano de trucos de predistigitación para explicar lo que con nuestro conocimiento actual no podemos entender.
Incluso en el caso de la materia oscura, que no ha sido hasta la fecha
observada y es meramente hipotética, su existencia se deduce a partir de
los efectos gravitacionales observables y medibles que causa sobre la materia
visible. Hay indicios lógicos que nos
hace sospechar o al menos hipotetizar científicamente sobre su existencia. No
podemos decir lo mismo del mundo sobrenatural ni de la existencia de un creador
u organizador.
Por eso, no estoy haciendo un acto de fe cuando supongo como hipótesis de
partida el que la materia haya debido autoorganizarse para dar lugar a seres
vivos, que quizás sean los únicos sistemas donde podamos hablar claramente del orden
al que se refiere mi interlocutor. Lo hago así, y no veo otra manera de
afrontar el problema, porque todo lo que observo es eso: materia y energía e
indicios de la manera en la que se autoorganizan.
No atenta en modo alguno contra la lógica ni contra el método científico, el asumir que la materia y energía sea todo lo que existe, mientras no encontremos un indicio o una prueba que nos haga pensar lo contrario.
Continuará
No atenta en modo alguno contra la lógica ni contra el método científico, el asumir que la materia y energía sea todo lo que existe, mientras no encontremos un indicio o una prueba que nos haga pensar lo contrario.
Continuará