
Otro 19 de septiembre, el de 1846, los niños
Maximin Giraud y Melanie Calvat, dijeron haber visto a una bella dama envuelta
en una potente luz y llorando amargamente en el pueblo de La Salette-Fallavaux
(Francia). La bella señora predijo castigos
espantosos si la gente no abandonaba su vida pecaminosa y les transmitió varios
secretos.
Entre el 11 de febrero y
el 16 de julio de 1858 la niña Bernadette Soubirous, dijo haber recibido la
visita de la Virgen María en la población de Lourdes.
En Fátima, los niños
pastores Lucia dos Santos, Jacinta y Francisco Marto aseguraron haber sido
visitados por la Virgen desde el 13 de mayo al 13 de octubre de 1917. En esta ocasión
la Virgen también reveló a los niños varios secretos que contenían profecías y descripciones
de castigos apocalípticos.
Estos hechos son
ejemplos suficientes para introducir el tema del que quiero tratar en este
capítulo. Sé a ciencia cierta que muchas personas se sentirán molestas al ver
mezcladas las apariciones celestiales en las que creen con avistamientos o
abducciones extraterrestres, otras se sentirán ofendidas por ver comparadas sus
experiencias ovni con apariciones marianas, y un gran número de personas no
verán diferencia alguna entre los sucesos mencionados. Pienso que es de sentido
común el que el testimonio de la experiencia privada de hechos aparentemente extraordinarios
no pueda ser utilizado como una prueba demostrativa de la existencia del mundo
sobrenatural o de naves extraterrestres. La prueba del testimonio personal es
tan débil que la Iglesia no obliga a sus fieles a creer en las
apariciones que ella misma declara probadas.
Es interesante recordar que fue Pio IX –el Papa que
concentró su lucha contra el modernismo y la pérdida de credibilidad y poder
terrenal de la Iglesia- quien en un plazo de veinte años proclamó el dogma de
la Inmaculada Concepción (1854), convocó el Concilio Vaticano I donde se aprobaron
los dogmas de la posibilidad de conocer a Dios por la razón y el de la
infalibilidad papal (1870) y dio su beneplácito a dos de las tres apariciones más
famosas de los últimos siglos: La Salette (1851) y Lourdes (1862). Desde mi
punto de vista, no deja de parecer sospechoso que sea precisamente en esos años
de zozobra para la Iglesia cuando esta se blinda con la proclamación de los
dogmas mencionados y declara probadas dos importantes apariciones marianas de
las que una confirmaría el dogma de la Inmaculada Concepción (Lourdes).
Los testimonios sobre
apariciones deben ser tratados igual que aquellos de personas que aseguran haber sido abducidas por extraterrestres. Pero ya que no podemos demostrar empíricamente la existencia de la
visión, el esfuerzo debe centrarse en destacar las inconsistencias que lleven, al
menos, a poner en duda de manera razonable dichos testimonios.
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Lucia dos Santos, Jacinta y Francisco Marto |
No hay que olvidar que fue en febrero de 1917 cuando comenzó la revolución bolchevique y el triunfo del comunismo en este país, unos meses antes de que se produjeran las alegadas apariciones. En Portugal se vivía un ambiente antireligioso extremo desde la revolución de 1910: se promulgaron leyes contra los jesuitas y las órdenes religiosas, muchos obispos fueron suspendidos o expulsados, se embargaron bienes a la Iglesia, se abolieron los días festivos religiosos y se aprobaron la ley del divorcio y la de separación entre Iglesia y estado. El promotor de esta última, Alfonso Costa, predijo la erradicación del catolicismo en tres generaciones. Esas eran las circunstancias en el país donde se produjeron las apariciones.
La Virgen reveló tres secretos proféticos a los niños. Dos de ellos fueron desvelados en 1941 por la vidente Lucia para ayudar en el proceso de canonización de sus primos y el tercero fue escrito en 1957 y hecho público en el año 2000. Me centraré en el segundo secreto que contenía instrucciones precisas de la Virgen para recristianizar el mundo y espantosos castigos si no se aceptaba el contenido de los mensajes. He aquí el texto escrito por Lucia en 1941 y que se puede encontrar en la página del Vaticano:
“Si se hace lo que os voy a decir, se salvarán muchas almas y tendrán paz. La guerra pronto terminará. Pero si no dejaren de ofender a Dios, en el pontificado de Pío XI comenzará otra peor. Cuando veáis una noche iluminada por una luz desconocida, sabed que es la gran señal que Dios os da de que va a castigar al mundo por sus crímenes, por medio de la guerra, del hambre y de las persecuciones a la Iglesia y al Santo Padre. Para impedirla, vendré a pedir la consagración de Rusia a mi Inmaculado Corazón y la Comunión reparadora de los Primeros Sábados. Si se atienden mis deseos, Rusia se convertirá y habrá paz; si no, esparcirá sus errores por el mundo, promoviendo guerras y persecuciones a la Iglesia. Los buenos serán martirizados y el Santo Padre tendrá mucho que sufrir; varias naciones serán aniquiladas. Por fin mi Inmaculado Corazón triunfará. El Santo Padre me consagrará a Rusia, que se convertirá, y será concedido al mundo algún tiempo de paz.”
Según el mensaje, la Virgen
profetizó el nombre del sucesor de Benedicto XV ya en 1917. Pero no podemos
olvidar que Lucia reveló el secreto en 1941,
después de la muerte de Pio XI quien reinó desde el 6 de febrero de 1922
hasta el 10 de febrero de 1939 y una vez comenzada la segunda guerra mundial. ¿Por
qué Lucia no desveló el nombre de Pio XI en 1917 antes de que fuera elegido Papa y lo nombra por primera vez dos años después de su muerte?
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Sor Lucia |
Pero la guerra que comenzó después de la señal del cielo anunciada y que Lucia reconoció en la aurora boreal ocurrida el 25 de enero de 1938 no fue instigada por Rusia, sino por la Alemania nazi de Hitler al invadir Polonia el 1 de septiembre de 1939 y bajo el pontificado de Pio XII, no de Pio XI. Nos encontramos aquí con un problema importante: o la guerra-castigo anunciada fue la segunda guerra mundial y Rusia no la provocó, o el castigo provocado por la no consagración de Rusia son guerras futuras provocadas por Rusia, pero entonces el castigo no comenzó durante el pontificado de Pio XI ni fue anunciado por la señal luminosa del cielo en 1938.
Para hacer cuadrar la profecía con el inicio de la segunda guerra mundial, algunos sitúan el comienzo de esta guerra con la del conflicto sino-japonés, el 7 de julio de 1937. Pero existe una objeción a esta interpretación y es la fecha revelada por Lucia sobre la gran luz profetizada y que anunciaría el comienzo del castigo. Según Lucia, la gran señal del cielo anunciando el castigo divino, ocurrió medio año después del comienzo de la guerra sino-japonesa y un año y medio antes del de la segunda guerra mundial.
Otra posible interpretación, aunque un poco forzada, es que la guerra anunciada por la Virgen durante el pontificado de Pio XI fuera en efecto la segunda guerra mundial, pero que no tuviera nada que ver con el asunto de Rusia y sólo con la insistencia pecadora de los hombres. Es decir, por un lado una guerra peor que la primera guerra mundial y por otro un castigo en forma de guerras y persecuciones que sería infligido por Rusia. Pero de ser así no tendría sentido el que la Virgen prosiguiera diciendo: "Para impedirla..." y transmitiera que la manera de hacerlo es... consagrando a Rusia. Tampoco tiene sentido que, después de profetizar la gran guerra, la luz en el cielo de la que habla a continuación y que Lucia identificó en 1938 no señalara el comienzo de la misma sino tribulaciones futuras.
La objeción más importante a la veracidad de esta profecía se encuentra en la fecha de publicación de sus escritos. Los dos primeros secretos fueron revelados por Lucia en 1941 a petición del obispo de Leiria José da Silva y, según ella, tras el permiso de la Virgen, mucho después de que hubiera comenzado el castigo profetizado de la segunda guerra mundial. ¿Cómo era posible entonces prevenir el castigo de la humanidad si Lucia no tenía permiso para comunicar el primer y segundo secreto hasta 1941?
Una posibilidad es que las autoridades eclesiásticas y el Papa Pio XI supieran de las
condiciones para evitar el castigo, es decir, la consagración de Rusia y la
comunión de los primeros sábados y que no las hubieran cumplido. Parece ser que a Pio XI no le llegó el mensaje convenientemente y Pio
XII consagró el mundo al Inmaculado Corazón en 1942, después de que el
secreto fuera publicado por Lucia en 1941. Pero al no mencionar explícitamente a Rusia
y al no hacerla en comunión con todos los obispos del mundo, Lucia declaró que esa
consagración no era la que había pedido la Virgen y por tanto no podría aplacar la ira divina.

¿No es extraño que Dios requiera el cumplimiento de unas peticiones a su más
alto representante en la tierra por medio de una vidente y que al no cumplirse castigue
a la humanidad con una guerra que causaría 60 millones de muertos? Me resulta
bastante difícil de entender que ese sea el modo de actuar del Dios cristiano. ¿Cómo
puede ser tan importante un acto de consagración de una nación a la divinidad y que el no cumplirlo
correctamente derive en la muerte de millones de hombres, mujeres, ancianos y
niños inocentes?
Lo arriba expuesto no cuadra con la teología de la salvación por la que el
Mesías cargó con nuestras culpas y expió nuestros pecados. Tampoco concuerda con
la teología de la revelación explicada por la Iglesia y que considera acabada
la comunicación oficial de Dios con el hombre tras el nacimiento, muerte y resurrección
del Mesías.
Veintiocho años después del aparente castigo de la segunda guerra mundial, en
otra aparición aprobada por la Iglesia, la Virgen de Akita (Japón, 1973-75) vuelve
a amenazar a la humanidad:
"Como te dije, si los hombres no se arrepienten y se mejoran, el Padre infligirá un terrible castigo a toda la humanidad. Será un castigo mayor que el diluvio, tal como nunca se ha visto antes. Fuego caerá del cielo y eliminará a gran parte de la humanidad, tanto a los buenos como a los malos, sin hacer excepción de sacerdotes ni fieles. Los sobrevivientes se encontrarán tan desolados que envidiarán a los muertos. Las únicas armas que les quedarán serán el rosario y la señal dejada por mi Hijo. Cada día recita las oraciones del rosario. Con el rosario, reza por el Papa, los obispos y los sacerdotes."
El secreto de Fátima sobre la guerra no se hizo público hasta 1941, por
tanto, poco se pudo hacer para evitar el castigo de la guerra, si es que esa
era la guerra anunciada. Y pocos años más tarde, Dios anuncia por medio de su
madre en Japón otro castigo todavía más terrible.
Esta insistencia por parte de la divinidad en procurar castigos y dolencias
a los hombres por no caminar por el camino correcto se posiciona incluso en
contra de las más básicas nociones teológicas sobre la libertad moral del
hombre. Por otro lado, si con un simple acto de consagración, es decir la
dedicación de un país a la divinidad, Dios es capaz de impedir guerras y
calamidades, esto necesariamente implicaría que Dios es capaz de evitar el mal
en el mundo o, al menos, de no provocarlo.
Se justifica entonces la pregunta lógica que completa uno de los argumentos más terribles utilizados por el ateísmo:
Se justifica entonces la pregunta lógica que completa uno de los argumentos más terribles utilizados por el ateísmo:
“Si Dios puede evitar el sufrimiento de niños inocentes ¿por qué no sólo no lo hace sino que, además, con sus castigos, los aumenta?”
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Niños soviéticos protegiéndose de una ataque aéreo nazi, 1941
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