lunes, 9 de febrero de 2015

En busca del arca perdida. (Sobre milagros, posesiones, estigmas y visionarios)

Ya hemos repasado los argumentos filosóficos que dicen demostrar la existencia de un Creador y, sinceramente, no he encontrado ninguno que no adolezca de fallos que lo invaliden de manera irremediable. 

Me he paseado también por los argumentos que podrían llevar a la convicción de la existencia del mundo sobrenatural basados en la experiencia personal como es el caso de las apariciones. Tampoco ahí he hallado pruebas concluyentes que puedan convencer sobre la existencia de una dimensión distinta a la que conocemos. 

En los siguientes capítulos analizaré lo que para muchos es prueba irrefutable de la existencia de ese mundo sobrenatural y que se basa directamente en la acción divina. Me refiero a los milagros, posesiones demoniacas, estigmas y visiones místicas. Sé que es un terreno enfangado y resbaladizo pero, a lo Indiana Jones, me arriesgaré en la aventura de encontrar lo que bien pudiera ser el arca perdida del mundo sobrenatural con la esperanza de que al abrirla pueda descubrir si en verdad encontramos el espíritu o simplemente un arcón lleno con el polvo de las fantasías y esperanzas frustradas de tantas generaciones. 

Si queremos analizar milagros no hay mejor sitio al que acudir que a la Oficina de Constataciones Médicas de Lourdes, un organismo creado por el Papa Pio X en 1905 para analizar la sobrenaturalidad de las curaciones que parecen darse en este lugar desde que en 1858 la Virgen se apareció a la niña Bernadette Soubirous.

El Comité Médico Internacional de Lourdes (existente desde 1947), es un órgano científico encargado de analizar los casos presentados y de decidir si acepta o rechaza afirmar que una curación haya sido inexplicable desde el conocimiento de la ciencia actual. Las condiciones para declarar una curación inexplicable, ojo, no necesariamente como milagrosa, son: 

1. Que la dolencia sea incurable, desde un punto de vista científico. 
2. Que se haya puesto de manifiesto la total ineficacia de los medicamentos o protocolos empleados en su tratamiento. 
3. Que la curación haya sobrevenido de forma súbita y no gradual. 
4. Que la curación haya sido absoluta, con efectos duraderos, y no solamente una remisión. 
5. Que la curación no sea el resultado de una interpretación derivada del estado psíquico de la persona. 

Según los datos que poseemos, en Lourdes se cuentan 7000 curaciones inexplicables desde 1858, aunque las aceptadas por el Comité Medico Internacional son sólo 69. 

Si analizamos las enfermedades cuya curación se definió como inexplicable encontramos que casi la mitad de ellas (43.47%) son procesos tuberculosos de distinto tipo y que se distribuyen desde el principio de las apariciones hasta 1952 (en rojo en el gráfico). El resto de enfermedades son bronquitis, oftalmitis, impétigo, parálisis y otras enfermedades entre las que se cuentan sólo tres casos de remisión de cáncer (en verde en el gráfico). 

Es llamativo que los procesos tuberculosos constituyan casi la mitad de los milagros de Lourdes. Si ahora buscamos información sobre el porcentaje de remisión espontánea de las tuberculosis sin tratamiento encontramos que esta se produce en el 29% de los casos. He subrayado el hecho de la remisión espontánea sin tratamiento porque seguramente la mayoría de enfermos que se trasladaron a Lourdes estarían siendo tratados también médicamente. 

Quizás las curaciones de procesos cancerosos sean incluyo más llamativas. Pero para algunos tipos de cánceres la remisión espontánea ronda también el 20% de los casos. Lo que quiero poner de manifiesto es que la remisión espontánea de una enfermedad, aunque no pueda ser explicada por la ciencia, es algo que se da de manera habitual y no tiene porqué tratarse de una acción milagrosa. 

Estudiemos ahora los casos de los que tenemos constancia. Para ello he construido dos gráficas en las que se puede observar la distribución de los milagros según el año en que se produjeron y el de reconocimiento de los mismos. En 1859 solamente una persona, el profesor Vergez, profesor titular de la facultad de medicina de Montpellier, era el encargado de la revisión de los casos. Así que en 1862, este señor aprobó siete curaciones como inexplicables y que sirvieron como argumento para el reconocimiento de las apariciones por Monseñor Laurence. Hasta la puesta en marcha en 1947 del Comité Médico Internacional, hay 36 curaciones declaradas inexplicables entre 1907 y 1913, con un récord de aprobaciones en el año 1908 (22 curaciones). Es decir, antes de que existiera un comité médico compuesto por especialistas de distintos países ya se habían aprobado 43 curaciones como inexplicables, ¡el 62% del total! Y 24 de ellas (el 55%) eran variantes de una enfermedad que puede desaparecer espontáneamente como la tuberculosis (en rojo). 





Resumiendo: hasta que se hizo posible la constatación independiente de los supuestos milagros, ya se había declarado más de la mitad de las curaciones aceptadas como inexplicables y, de ellas, más de la mitad eran procesos tuberculosos que pueden remitir espontáneamente en un 29% de los casos, algo que quizá podría haber llevado a esos médicos de la primera mitad del siglo XX a declarar esas curaciones como milagrosas. ¿Quiere decir esto que esas curaciones no eran milagrosas? No, pero si analizamos todo de manera conjunta, los datos nos hacen dudar de que realmente nos encontremos ante una prueba indudable de intervención de la divinidad. Y de eso se trata: de encontrar pruebas indudables de la acción divina que no puedan ser confundidas con errores en diagnósticos o falta de conocimiento científico sobre los procesos naturales que llevaron a la curación.

En este sentido existe una pregunta muy interesante: ¿Por qué son los milagros declarados en Lourdes tan selectivos y no hay curaciones que no puedan ser confundidas con un fallo en el diagnóstico o remisiones espontáneas? Me refiero a curaciones de por ejemplo un síndrome de Down, o la de una de tantas producida por un defecto genético grave y comprobable, o del Alzheimer, o la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob o, puestos a pedir milagros de categoría, la restitución de un miembro amputado… (y no me vengan con la historía del cojo de Calanda que ya me la sé, incluso con razones más que suficientes para no considerarla digna de crédito).



lunes, 2 de febrero de 2015

El Universo y la nada (II)

La controversia sobre la generación espontánea o abiogénesis, es decir, la pregunta sobre si la vida podía generarse a partir de elementos inanimados, se remonta hasta Aristóteles quien propuso la existencia de una fuerza gobernadora de este proceso. En 1665, Franchesco Redi demostró que los gusanos que surgían en la carne cruda provenían de las moscas, y si la carne se mantenía herméticamente cerrada se evitaba la aparición de estas larvas. El tema era más difícil de abordar a nivel microscópico. El italiano Lazzaro Spallanzani (1729-1799) fue quien comenzó con los experimentos encaminados a demostrar que los microorganismos, y por tanto la putrefacción, no aparecían espontáneamente en un caldo de carne que hubiera sido hervido y cerrado herméticamente. Pero fue Louis Pasteur (1822–1895) quien de definitivamente demostró que la vida no surgía de la materia inanimada de manera espontánea. Para esto utilizó unos recipientes de cristal con un cuello en serpentina y sellados con un algodón que impedía el paso de bacterias o esporas una vez esterilizado su contenido. Este experimento puso fin a la idea de la abiogénesis y nunca más se dudó de si era posible la generación espontánea de materia viva desde materia inerte. 

El mediático físico teórico Lawrence Krauss especializado en cosmología y en física de partículas ha escrito recientemente un libro titulado A Universe from Nothing, que recoge y extiende básicamente el tema de una conferencia pronunciada en el año 2009 en el congreso de la Alianza Atea Internacional en Burbank (California) y que rápidamente consiguió casi un millón de visitas en la red. Krauss sostiene literalmente que el Universo apareció de la nada. La conferencia, como el libro, causó un gran revuelo en foros científicos, filosóficos y religiosos, tanto que Krauss se vio obligado a aclarar en entrevistas y ediciones posteriores que el concepto científico de nada al que se refería no tiene que ver con el uso vulgar de la palabra (la nada absoluta) a la que los filósofos y las personas de a pie estamos acostumbrados y que, según él, no tiene sentido. 

El Universo, según Krauss, pudo surgir espontáneamente de una fluctuación cuántica aleatoria en una especie de vacío cuántico primordial. Este concepto de fluctuación del vacío cuántico deriva del principio de incertidumbre de Werner Heisenberg y se define como un cambio temporal en la cantidad de energía en un punto determinado del espacio que daría lugar a la aparición de partículas virtuales, algo que se ha podido demostrar como cierto en laboratorios de todo el mundo (efecto Casimir). Pero resulta entonces que la “nada científica” de Krauss es una nada bastante llena si no de materia, por lo menos, de toda la maquinaria de la teoría del campo cuántico que debería estar en funcionamiento para producir dicha fluctuación incluyendo espacio, tiempo y energía. 

Confrontado con esta objeción Krauss distingue tres tipos o niveles de “nada”. Un primer nivel en el que espacio y el tiempo existirían con ausencia de todo lo demás. Es esta la situación dónde se produce la generación de partículas virtuales en nuestro universo, modelo que se ha tomado como ejemplo para dar una explicación posible al Big Bang. Un segundo nivel de nada es aquel dónde ni espacio ni tiempo estarían presentes y sólo las leyes de la naturaleza posibilitarían la aparición de lo existente. Y, en tercer lugar, la nada absoluta, dónde nada ni siquiera esas leyes de la física existirían. Me imagino las dificultades de Krauss para explicar cómo pueda generarse algo de la nada. Sólo tiene una salida que, además, deberá compartir con los defensores de la teoría de las cuerdas a la que tanto ha criticado: el que existan otras dimensiones o universos paralelos con su espacio y tiempo particular, en los que podría desarrollarse incluso leyes naturales distintas a la de los demás. 

Este es, desde mi punto de vista, uno de los temas más interesantes de la rama de la astrofísica moderna y que se encuentra representada mayoritariamente, por lo menos en su parte mediática, por Lawrence Krauss, Stephen Hawkings, Michio Kaku y Brian Greene. En principio, no parece tan descabellado el negar la existencia de la nada absoluta, la ausencia de todo, ya que para la ciencia es un concepto imposible.

Aunque para algunos el concepto de nada absoluta pueda ser absurdo y acientífico, paradójicamente parecen recurrir a él para arrinconar la otra posibilidad: la de la existencia de un Creador. Desde mi punto de vista, la solución más fácil para un ateo sería la hipotética existencia de una materia o energía, en forma de multiversos o un vacío cuántico eterno. Por otra parte, si asumimos que el Universo surgió de la nada, tendremos que hacer frente a la máxima “de la nada nada sale” e intentar explicar científicamente cómo esto puede ocurrir. Asumir la generación espontánea desde la nada del Universo es ponerse a los pies de los caballos de aquellos que utilizan el argumento cosmológico de Kalam y sus derivados que postulan que todo lo que tiene un comienzo debe tener una causa y que presuponen, sin motivo alguno y cayendo en una flagrante petición de principio, que el Universo surgió de la nada más absoluta y oscura.

No podemos deducir por la existencia del Big Bang, a partir de cual comenzó a expandirse el Universo, que antes de este evento nada existiera. Paradójicamente, los científicos empeñados en convencernos de que no había nada antes de este evento nos hacen preguntarnos por la naturaleza de esos campos en cuyo seno se produjo la singularidad del Big Bang. ¿Es autosuficiente ese magma de energías y de campos responsable del origen del Cosmos? Creo que estamos muy lejos de poder contestar a esta pregunta, pero en principio, la hipótesis de la existencia de un vacío cuántico eterno, poseedor de la menor energía posible, compuesto de ondas electromagnéticas y de las leyes físicas que las hacen fluctuar, no parece violar ley alguna de la lógica.

Ante esta disyuntiva, ¿qué es más lógico y razonable, pensar en un vacío cuántico, impersonal, eterno y mutable, donde partículas saltan dentro y fuera de la existencia en un proceso que podemos incluso observar, o suponer la existencia de un ser personal, eterno e inmutable de quien no tenemos ninguna pista?

Entiendo el que nos cueste imaginar un vacío cuántico eterno, sin causa, pero ¿por qué nos parece más fácil imaginar la existencia de un Ser personal con las mismas características? Probablemente porque nuestra mente está acostumbrada a encontrar causas, y es más fácil imaginar un agente personal detrás de todo lo que existe, aunque no podamos explicar su procedencia y naturaleza, que el aceptar la eternidad de una existencia impersonal.






jueves, 29 de enero de 2015

El Universo y la nada (I)

La siguiente dicotomía es frecuentemente utilizada por la filosofía para intentar entender la naturaleza del Universo: 

1) El Universo es autosuficiente
2) El Universo no es autosuficiente y, por tanto, debe existir algo que explique su existencia

La autosuficiencia implica independencia de cualquier agente causal. En este caso, el Universo debería haberse generado de manera espontánea de la nada o haber existido desde siempre. Sobre si tendrá un final o no, no hay manera de que podamos saberlo. Podría desaparecer igual como apareció, o una vez generado no dejar de existir. Estas son las posibilidades y ni la lógica ni la experiencia parecen encontrar de momento solución a esas preguntas. Pero ¿no opinan la mayoría de los científicos hoy que el Big Bang marca el principio de nuestro Universo y del tiempo? ¿No es lógico pensar que si el Universo hubiera existido desde siempre el carburante de las estrellas ya hace tiempo que se habría agotado y que junto a la expansión de los objetos celestes detectada por los científicos no podría ser éste más que un lugar oscuro e inhóspito en el que hubiera sido imposible la aparición de la vida?

La cosmología, es decir, el estudio del cosmos desde un punto estrictamente científico no comenzó hasta mediados del siglo XVI, cuando Copérnico publicó su teoría sobre el movimiento de las esferas celestiales. Hasta entonces, por lo menos en occidente, se seguía el modelo geocéntrico aristotélico donde la tierra se encontraba en el centro de un Universo finito. Las consideraciones sobre la finitud o infinitud del Universo no podían ser científicas y se limitaban a reflexiones religiosas o filosóficas desde Aristóteles hasta Kant. Entre ellas cabe destacar las de S. Tomás de Aquino, al que hemos mencionado más de una vez, quien admitía la posibilidad de un Universo eterno pero que en ningún modo podría ser autosuficiente. Creía así salir al paso de los que afirmaban que la existencia de un Universo eterno excluía la necesidad de un Creador. El argumento de S. Tomás tiene su raíz en los conceptos básicos sobe la que se construye su Metafísica y que básicamente se resumen en los de potencia, acto, contingencia y necesidad. 

Fue el científico belga Georges Lemaître quien propuso en 1927, utilizando las ecuaciones de la teoría de la relatividad de Einstein, una explicación teórica de la expansión del Universo, expansión que fue confirmada por el astrónomo Edwin Hubbel en 1929. Lemaître consiguió convencer a Einstein de que el Universo se encontraba en expansión pero la teoría de Lemaître iba más allá: proponía la existencia de un “átomo primitivo” en el que habría estado concentrado todo lo que existe hoy. Resulta que Lemaître además de científico era sacerdote católico, con lo que la idea de un átomo primigenio a partir del cual se expandiera el Universo se acomodaba bastante al acto de creación y de ahí el entusiasmo generado por la teoría entre los creyentes de un Dios creador y la repulsa provocada en los ámbitos científicos de la época. Stephen Hawking lo expresa muy bien en su conocido libro “Historia del tiempo”: 
“A mucha gente no le gusta la idea de que el tiempo tenga un principio, probablemente porque suena a intervención divina”
Pio XII refundó la Academia Pontificia de las Ciencias en 1936 de la que formaron parte científicos tan destacados como Bohr, Planck y Schrödinger además del propio Lemaître. En el discurso pronunciado el 22 de noviembre de 1951 ante los miembros de la Academia, el Papa no escondía su entusiasmo al declarar: 
“Parece verdaderamente que la ciencia actual, remontándose de golpe a millones de siglos, haya conseguido hacerse testigo de ese primordial fiat lux por el que de la nada surgió con la materia un mar de luz y de radiaciones, mientras que las partículas de los elementos químicos se escindieron y se reunieron en millones de galaxias”.
Lemaître murió poco después de que Arno Penzias y Robert Woodrow Wilson descubrieran en 1965 el fondo de radiación de microondas hoy considerada la prueba fundamental del modelo del Big Bang. Por cierto, debido a la misma expansión originada por el Big Bang, el desplazamiento al rojo que sufrirá esta radiación de fondo irá aumentando y acabará por ser ocultada por las radiaciones estelares de manera que los astrónomos del futuro sólo podrán saber de ella por los registros existentes de la misma en la actualidad. Ciertamente los descubrimientos de la ciencia nos aseguran la existencia de un comienzo del Cosmos y también auguran un final bastante oscuro, pero el que podamos definir un evento a partir del cual se desarrolló el Universo marcando el comienzo del tiempo y del espacio que hoy conocemos no quiere decir que anteriormente a ese evento nada existiera. 

De esto nos ocuparemos en el siguiente capítulo.



lunes, 22 de diciembre de 2014

¡Feliz Navidad!



Espero que en estos días mucha gente recuerde una vez más esta antigua historia y que nuestros corazones consigan en verdad sintonizar con su mensaje de amor.  

Deseo para todos una feliz Navidad y un año nuevo lleno de alegrías.



lunes, 8 de diciembre de 2014

Exorcismo en Burgos

He leído estos días la noticia sobre el caso de una chica de dieciocho años que ha sido sometida a trece exorcismos con permiso del Arzobispo de Burgos (miembro, por cierto, de una conocida y conservadora institución de la Iglesia). El caso ha saltado a la prensa porque familiares de la chica han denunciado a los padres por la posible existencia de delito de violencia de género, lesiones y maltrato familiar. Dejando aparte la manipulación mediática que sitúa el intento de suicidio de la chica al lanzarse al vacío desde un tercer piso como posterior a los exorcismos, el caso merece un par de líneas.

Según lo publicado en el Diario de Burgos y en otros periódicos (de los que copio casi textualmente a continuación), la declaración de la chica ante la Policía Nacional deja claro “que en mayo de 2012 comenzó con «unos problemas de anorexia acompañados por problemas nerviosos de ansiedad» y que dejó de comer «por hacer penitencia», la misma razón que le llevó a realizarse «cortes en las muñecas». Sus padres interpretaron los ataques de ansiedad «como una posesión demoniaca», algo que les había sugerido un seminarista estudiante de Teología, quien manifestó a sus progenitores que «tenía unos sueños en los que aparecía María (nombre ficticio) siendo ahogada por un demonio». Los padres pidieron consejo y ayuda al grupo “Milicia de Santa María” del que la madre es seguidora.

Entre septiembre y noviembre del año 2012 estuvo ingresada en el servicio de psiquiatría infanto-juvenil del Hospital Clínico de Valladolid «por una sintomatología compatible con anorexia». Allí confiesa a los doctores que desde hace unos meses «tiene un demonio dentro, que es quien le engaña y motiva a hacerse daño». La finalidad de no comer «no es adelgazar sino autocastigarse», advierte a los facultativos.

En septiembre asegura que es expulsada de la catequesis de la parroquia de la Virgen del Rosario (Fuentecillas) -su madre indica ante la Policía que no le prohibieron asistir, solo le aconsejaron que dejara de ir porque «decía cosas inusuales relacionadas con el suicidio». Algunos catequistas le espetaron que «estaba endemoniada», que tenía «algo que no se lo curaba un médico y que iba a ir al infierno». Su padre la insultó gravemente llamándola «hija de puta», pero que no se lo decía a ella, «sino al demonio que llevaba dentro». Todo ello mientras la zarandeaba y la sujetaba por los brazos.

Tras varios intentos frustrados el 24 de septiembre de 2013 decidió acabar con su vida tirándose desde un tercer piso. Pero sobrevivió, si bien sufrió lesiones muy graves en la columna vertebral, las muñecas y el tobillo derecho, lo cual le dejó inicialmente postrada en una silla de ruedas. Con anterioridad, en uno de sus primeros episodios autolíticos, su madre le dijo: «Anda y tírate por la ventana». Su progenitora reconoció haber pronunciado esta frase «en un momento de estrés», cuando su hija amenazaba «con cortarse las venas o ingerir pastillas».

Tras varias conversaciones y gestiones con un seminarista, una profesora de religión y un párroco de Burgos, llegaron a la conclusión de que estaba «poseída por el demonio». En abril de 2014 la llevaron al convento de San Joaquín y Santa Ana, de Valladolid, para que el único exorcista de Castilla y León en ese momento -Burgos cuenta ahora con uno- le liberara del diablo. La tumbaron en el suelo a los pies del altar, pero como intentó escaparse, tras ponerse muy nerviosa, la sujetaron por los brazos y se sentaron encima de las piernas. Mientras un señor le sujetaba la cabeza, una señora «le ponía un crucifijo y apretaba con fuerza». Le hicieron daño y le causaron una herida, además de colocarle imágenes de santos por todo el cuerpo.

Durante el rito, que duró entre una y dos horas, el exorcista estuvo rezando el rosario y otras oraciones de sanación. Le hizo beber agua con sal exorcizada y se dirigía a ella voceando expresiones como: «¿Quién eres, Satanás, Belcebú, el diablo en persona?» Y también: «Bestia inmunda, dixi mi como tu a dominaris». Como el diablo no contestó, concluyó que la posesión era total y le recomendó, según la joven, que dejara de tomar la medicación prescrita por su psiquiatra. Durante el exorcismo sintió dolor, miedo e impotencia por no poder escapar, pese a que pidió varias veces que cesaran.

Según la denuncia, esta ceremonia se repitió hasta en 13 ocasiones. En vista de que no tenían mucho éxito fue obligada a rezar todos los días y uno de ellos se desmayó por llevar mucho tiempo de pie. Su padre le dio varias patadas mientras le gritaba que se levantara. En otra ocasión, al no querer rezar el rosario, le ataron las piernas y las manos y la introdujeron una braga en la boca.”

La sección de Psiquiatría Infanto-Juvenil del Hospital Clínico de Valladolid elaboró en 2012 un informe sobre el estado de salud de la muchacha en el que explica que «la dinámica familiar se caracteriza por un fuerte componente religioso» que en el caso de la madre y de la hija «determinan el desarrollo de un patrón alimentario inadecuado, así como fuertes y contradictorios sentimientos de culpa».

A la psiquiatra que la trató en esa época le extrañó que en verano de 2012 acudiera a «campamentos religiosos, donde realizó marchas a diario, pese a la evidente pérdida de peso que había sufrido» meses antes.

En sus entrevistas con los profesionales del hospital vallisoletano asegura que empezó a ayunar «como sacrificio para ayudar a sus amigos», y como ofrenda por su «fracaso» a la hora de modificar la ideología religiosa de sus conocidos, que consideraba equivocada.

Y es que la religión parece invadir todos los rincones de su existencia. Según la denuncia que presentó ante la Comisaría, su vida siempre transcurrió «en un ambiente muy rígido y de fanatismo religioso». En su casa solo podía sintonizar Radio María y Canal 13, en televisión. Estaba obligada a escuchar misa diariamente y a rezar las Laudes, Vísperas y el Rosario. Además, debía confesarse siempre con el mismo sacerdote y tenía prohibido salir de casa a menos que fuese para ir al colegio o para hacer los recados. Tampoco podía ir de fiesta los fines de semana y en su declaración en la Comisaría recordó que no le dejaron asistir a la cena de despedida de cuarto de Educación Secundaria Obligatoria (ESO), ni a la de Navidad ni a ninguna otra de su centro educativo. Los agentes le preguntaron si había salido de fiesta alguna vez en la vida. Y respondió: «Nunca, prohibidísimo».

Al cine solo acudió en alguna ocasión, pero siempre para ver películas de carácter religioso, como el caso de la ‘semana del cine espiritual. Dos veces pudo acompañar a sus primos a ‘disfrutar’ de cintas de dibujos animados.

Hasta aquí lo recogido en la prensa.

En una  entrevista hoy al padre Fortea aparecida en el Mundo y Religión Digital, se explaya este sobre la práctica de los exorcismos, y defiende al sacerdote que los realizó.

No puedo entender que un caso tan claro como este, donde el fundamentalismo religioso de los padres ha influenciado en la aparición de problemas psiquiátricos, pueda ser defendido y justificado por la Iglesia mediante el Arzobispado y la opinión del Padre Fortea. Dice Fortea que “el de Burgos es el primer caso en que se judicializa un exorcismo realizado por un cura católico” y, o se equivoca -cosa que me extraña por que es un experto en el tema- o quiere distraernos, u ocultarnos la verdad.

¿No se acuerda Fortea del caso de Anneliese Michel en Alemania? 

Lo copio aquí de la Wiki:

Anneliese Michel 2.jpg“Anneliese Michel (Leiblfing, Baviera, Alemania Occidental, 21 de septiembre de 1952-Klingenberg am Main, Baviera, 1 de julio de 1976) fue una mujer alemana y católica que fue sometida a un exorcismo y murió ese mismo año tras negarse a continuar con el tratamiento médico y psiquiátrico; la investigación y el juicio subsiguientes atrajeron la atención del público y la película El exorcismo de Emily Rose está basada principalmente en un punto de vista sobre lo que su historia transmite. Hay dos peliculas respecto a su caso "El exorcismo de Emily Rose", basada en un punto de vista creyente y "Requiem: el exorcismo de Micaela" basada en un punto de vista científico.

Cuando Michel tenía dieciséis años, tuvo su primer ataque de epilepsia y le fue diagnosticada Epilepsia del Lóbulo Temporal. Cayó rápidamente en una depresión y fue tratada en el hospital psiquiátrico de Würzburg. En 1973 se volvió intolerante ante varios objetos religiosos y empezó a oír voces. Su condición empeoró a pesar de la medicación e intentó el suicidio. Michel y su familia se convencieron de que estaba poseída y llamaron a un sacerdote católico para practicarle un exorcismo, siendo rechazados inicialmente. En 1975, tras muchas reflexiones, dos sacerdotes obtuvieron permiso del obispo local y le realizaron el exorcismo.

Anneliese murió el 1° de julio y la investigación demostró que estaba malnutrida y deshidratada; sus padres y los curas responsables fueron acusados de negligencia. Se probó que su muerte fue a causa de la tensión de los ritos y la investigación concluyó que hubiera podido ser salvada con ayuda médica de haberla tenido incluso un día antes. Este caso atrajo la atención pública y de los medios.
Tras el veredicto de culpables, los acusados fueron sentenciados a seis meses en la cárcel pero se permutó la pena por tres años de libertad condicional y una fianza. El caso ha sido etiquetado como confusión con una enfermedad mental, negligencia, abuso e histeria religiosa.”

Veo un paralelismo claro entre los dos casos, marcados por una educación errónea y una distorsionada y exacerbada religiosidad de las familias, algo que probablemente sea común -o ha contribuido- a los problemas psiquiátricos desarrollados por estas niñas.


Sólo espero que la Iglesia y el P. Fortea admitan el error de esta aberración.

Pues eso.